Admitía el propio Paco Herrera antes del envite con el Elche, que los tres partidos que cerraban septiembre serían un termómetro para calibrar el papel del Celta, y los dos primeros suspensos tan solo levantan dudas.
Parecía que todos los males del equipo pasaban por Balaídos, pero el Celta demostró ser humano también a domicilio.
En Almería, por encima de un mal resultado está un peor juego. Frente al Elche se puede encontrar la justificación de la estrategia, aunque los ilicitanos pusieron más cosas sobre el tapete, pero en el regreso al Juegos del Mediterráneo, el Celta fue una caricatura. Incapaz de hilvanar una jugada, huérfano de oportunidades y por encima lastimado por el infortunio del gol.
Curiosamente el equipo ha menguado arriba desde que se ha quedado sin Mario Bermejo. El cántabro fue fichado para darle algo distinto a un ataque conocido y sin su concurso los celestes parecen haberse quedado sin capacidad de sorpresa.
Lo único positivo en este mar de dudas lo aporta la propia categoría. Todos los grandes van cayendo y la igualdad es máxima, pero el margen de confianza se acaba el domingo ante el Valladolid.