Are More: un ejercicio de responsabilidad y memoria
VIGO
El festival Are More se había convertido en un instrumento estratégico del tejido cultural, turístico y empresarial de Vigo. Sus efectos tenían repercusión en nuestra ciudad y un amplio eco en el resto del Estado y países comunitarios. Pero también era una forma de trasladar un mensaje de gestión pública de recursos, de responsabilidad corporativa y de mecenazgo (Concello, Xunta de Galicia, Fundación Caixagalicia, Citroën, El Corte Inglés). El festival lograba epitomizar apuestas creativas, de escuchar la mejor música, antigua, contemporánea y consolidarse dentro del campo de la educación. Había logrado un gran nivel de salud artística y creativa. Las limitaciones económicas supusieron carencias de recursos, pero no de salud, ni tampoco de imaginación.
En el 2000, el titular vigués de Cultura, Carlos Príncipe, y su departamento decidieron crear un festival de música clásica. Previamente se realizó un análisis de público y consumo de diferentes géneros musicales, afluencia a los espectáculos y las carencias en las programaciones que ofrecían las diferentes entidades y asociaciones. Con ejemplar visión de futuro, Carlos Príncipe apostó por un festival que dirigiese todas sus expectativas hacia el futuro auditorio de Vigo. Era muy importante consolidar y formar un público del siglo XXI; sin etiquetas, ni prejuicios, ni complejos, apto para todo tipo de consumidores.
El Are More nacía, pues, con una clara vocación pedagógica y bajo la protección del Concello de Vigo. La primera edición supuso un éxito de público que desbordó todas las previsiones. En 2001 el festival había alcanzado categoría y referencia nacional y se colaba entre los tres primeros de España. La ciudad tenía ante si un referente de música de calidad con los mejores artistas que llegaban triunfantes de teatros como el Metropolitan de Nueva York, La Scala de Milán, Covent Garden de Londres, y de las mejores salas de conciertos del mundo. Por primera vez en Galicia, voces como las de Ute Lemper, Mirella Freni, Kiri Te Kanawa, Matthias Goerne, Anne-Sofie von Otter, o grandes intérpretes como Volodos, Thibaudet, Russel, etc., entusiasmaban a los fieles espectadores.
También se apostó por valores emergentes y que hoy se han consolidado, como grandes artistas internacionales, el mediático Josep Vicent, Pedro Halffter, Bejun Mehta, Philippe Jaroussky, los hermanos franceses Renaud y Gautier Capuçon (imposibles ya de contratar) y estrenos mundiales de obras de compositores gallegos. El festival se arriesgó en lo que hoy ya es habitual en todas las salas y festivales, los conciertos y óperas para público infantil y juvenil, que fueron sin duda una actividad pionera. Vigo se convirtió en la primera ciudad europea que estrenó los Conciertos para bebes, una experiencia que se basaba en el rigor científico del poder de la música y su recepción en los recién nacidos. Los estrenos de las obras de compositores gallegos se interrelacionaban con los de los grandes maestros del siglo XX.
Por fin logramos huir de la terrible imagen de que el consumo de la música y ópera era destinado para determinadas élites económicas. El Are More rompió muchos esquemas, el éxito se basó en la suma de todos. Organizadores, patrocinadores, productores, artistas y público. Los festivales son un instrumento complejo y poliédrico, con muchas posibilidades para explotar formas que garanticen su futuro en tiempos de crisis y son también espacios de encuentro con el mundo empresarial. Son nuevos tiempos, pero ya todo está escrito, solo queda la responsabilidad.