La empresa quiere hacer el mismo servicio con una plantilla mermada
12 jul 2011 . Actualizado a las 11:22 h.La improvisación se mantiene en la gestión de la zona azul viguesa. Después de diez días de abandono en el control del tope de dos horas la empresa concesionaria, Dornier, dio ayer marcha atrás. A primera hora ordenó a sus trabajadores que salieran con las carpetas para anotar el tiempo de estacionamiento de los vehículos y sancionar a los que superen el límite máximo de dos horas.
Sin embargo, fue una instrucción difícil de llevar a la práctica y mucho menos con eficacia. El motivo es que la mitad de los trabajadores están de vacaciones y la empresa ha contratado únicamente a cuatro eventuales para sustituir a diecisiete que se encuentran de descanso estival.
Por este motivo el servicio funcionó forzosamente con altibajos. A modo de ejemplo, la zona de Povisa y alrededores, atendida normalmente por siete vigilantes, contaba ayer solo con dos. Fuentes sindicales confirmaron que en estas condiciones es imposible atender correctamente la labor de vigilancia. Más lejos todavía, las rondas se alargan y si una máquina expendedora de tiques se avería o queda sin papel seguirá así un buen rato.
El origen de esta situación es la decisión de la empresa con cesionaria de no sustituir a la mayoría de la plantilla durante sus vacaciones. Por convenio los empleados disfrutan sus vacaciones por mitades en julio y agosto, siendo sustituidos por personal eventual. En esta ocasión, sin embargo, Dornier recurrió a cuatro temporales para hacer el trabajo de casi una veintena de ausentes, algo que carece de precedentes.
Se da la llamativa circunstancia de que la empresa gestiona de manera interina la zona azul viguesa (XER, Xestión do Estacionamento Regulado, en terminología oficial) desde hace varias semanas. Una reciente sentencia del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia anuló la adjudicación y ordenó al Concello una nueva valoración de las ofertas o bien que convoque otro concurso. Hasta ahora el gobierno local no ha decidido qué hacer, pero aparentemente Dornier se ha puesto en la peor de las hipótesis y trata de reducir gastos.
La zona azul gestiona en estos momentos poco más de 2.000 plazas, la cifra probablemente más reducida de sus veinte años de historia. La sucesión de humanizaciones ha dejado el servicio mermado y sigue pendiente su ampliación a otros barrios.