Parecía que el paisano había desaparecido de la circulación cuando, ayer, lo encontré bajando de un taxi cerca de los Salesianos. Tras saludarnos, aclaró que no quería hablar de fútbol: «Quedé muy tocado por el descenso y, también por lo que ahora veo en torno al Dépor». No se movía, y yo tampoco. Me apetecía hablarle y tomarle el pulso de la situación. Con insistencia, fui sacándole algunas frases, incluso animándole: «Bueno, hombre, tu bien sabes que nunca llovió que no escampara...».
Me miró seriamente y, tras un corto silencio, terminó hablando sin alterarse lo más mínimo y, en un tono casi paternal, se sinceró: «Estoy muy dolido. Aunque disconforme como estaba yo con la gestión del mandatario del club, y muy preocupado por la marcha del equipo, también digo que no contaba pagar los errores al alto precio del descenso a Segunda... Recordarás que lo tenemos hablado en las tertulias del café, en más de una ocasión. Ahora, con el panorama que tenemos por delante, y un problema nuevo que surge cada día no sé qué sucederá. Éramos pocos, y aparece Sergio avisando que él quiere cobrar medio millón de euros el 30 de este mes... Repito que no soy capaz de imaginar cómo terminará todo esto. ¡Menos mal que el estadio de Riazor es propiedad del Ayuntamiento y no lo pueden embargar...!».
Justo en ese momento llegó corriendo un niño, nieto del paisano, y se fueron hablando, estoy seguro que no de fútbol.