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Redondela acaba de alumbrar una nueva fórmula política: la discotasca. Superados los consejos federales, los congresos nacionales, los politburós y hasta el Soviet Supremo de la URSS, ha nacido una revolucionaria forma de entender la cosa pública: por asamblea y tomando un vino. Ni la mente más efervescente del espíritu del 15-M podría imaginar una idea tan brillante.

La cosa nació, en efecto, en la Discotasca Jamusino, donde un grupo de buena gente decidió concurrir a las elecciones, creando la Agrupación de Electores de Redondela (AER). Contra todo pronóstico, lograron 835 votos, suficientes para hacerse con un acta de concejal. Y, para colmo, el PP logró 10 ediles, los mismos que la suma de PSOE y BNG. Con ello, estos audaces se han convertido en la llave del gobierno redondelano.

Lo mejor del caso es que la AER no tiene ninguna ideología definida. Entre sus miembros, todos con pinta de sanotes y simpáticos, hay antiguos votantes de diferentes partidos e incluso ácratas declarados. Por tanto, no entrarán en ningún pacto de gobierno.

Por lo que parece, permitirán que el candidato popular se convierta en alcalde y, luego, esperarán en su discotasca a que les presenten las iniciativas políticas, incluidos los presupuestos. En lo que parecen todos de acuerdo es en su sentido común. Una frase del portavoz -«por ahora»- de la formación, resume que tienen buen criterio. Mientras los partidos convencionales se pelean por ampliar el puente de Rande o tender una nueva autovía con Pontevedra, los de la discotasca lo tienen claro: «Lo primero que hace falta es un tren de cercanías con Vigo y Pontevedra, como tienen en otras ciudades».

La butaca de concejal será ocupada de forma rotatoria por varios miembros de la lista en los próximos cuatro años. Y los dineros por dietas y participación en plenos y comisiones se destinarán «a financiar las actividades de la agrupación». Aunque lo invirtiesen en tapas, seguro que estaría bien gastado.

Que saben administrarse está claro. La campaña les costó poco más de mil euros, reunidos a escote entre afiliados y simpatizantes. Trasladados a la campaña viguesa, es como si Corina Porro se hubiese gastado trece mil euros, Caballero, once; y Santi Domínguez, tres mil.

Así que hay que felicitar a la AER por su formidable éxito electoral. Y de ello pueden extraer conclusiones quienes crean que ser la lista más votada basta para camuflar un fracaso. Todo en política es relativo. Y esta gente ha triunfado. Por mi parte, a la primera ocasión, me presento en la Discotasca Jamusino a tomar un vino. Y, como me entusiasme, no descarto incluso afiliarme.

eduardorolland@hotmail.com

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