Las malas aficiones

VIGO

Las hay que gritan hasta el espasmo. Que se desgañitan. Otras siguen el espectáculo como si fueran al teatro. Exigentes. Indiferentes. Más o menos numerosas. Las aficiones tienen su propia genética. La del Celta se pronuncia cuando considera. Premia o castiga. Pero nunca ha sido una chirigota. Tras perder la plaza de ascenso, ante el filial del Villarreal, coreó a Bustos. Casi en todos los campos de España aparece un celtista. El aficionado paga su abono, o su entrada, y juzga lo que el equipo le transmite. No es un fervoroso animalito. Tampoco destacan sus dotes para la canción. Pero dónde está escrito que así ha de ser. Cierto que hay aficiones admiradas por su apoyo incansable. Son las menos. La mayoría disfruta cuando tiene motivos, protesta cuando le sale y el resto del tiempo está viendo el partido. Quizá haya quien desee que Balaídos sea una jauría. Yo también prefiero los delanteros que hacen goles a los que los fallan. Una cosa es pedir a tu gente un esfuerzo. Y otra bien distinta es poner en duda que se merezca un ascenso.