El partido de Vigo

VIGO

Hay almas cándidas que creen casual que Vigo carezca de peso político o entidad administrativa. En su inocencia, estos ciudadanos pueden extrañarse de que la mayor ciudad de Galicia no sea capital de nada. Sin embargo, atribuyen el fenómeno a los acasos del destino y a ignotas conjunciones cósmicas. Para ellos, esto es así por mera casualidad.

Pero basta estudiar la historia de Vigo en los últimos dos siglos para descubrir que esta marginación responde a un plan deliberadamente trazado. Y que puede nombrarse en cada época a quienes se encargaron de que la ciudad se mantuviese al margen del poder político.

Porque, hace casi dos siglos, las cosas iban en un sentido bien diferente. En marzo de 1820, la Junta de Gobierno de Galicia aprobaba los 47 partidos judiciales en que se dividiría el país. Y el de Vigo tenía jurisdicción sobre una vasta comarca, que incluía «las costas de Coia, Bouzas, Alcabre, San Paio de Navia, Coruxo, San Miguel de Oia, Priegue, Panxón, San Pedro da Ramallosa, Santa Cristina da Ramallosa y la villa de Baiona hasta el confín de Oia, donde se señaló el partido de Tui».

Por el interior, el partido judicial continuaba «por los montes altos llamados costa de Oia, Groba, Madalena, Santo Antonio, San Xulián, couto do Galiñeiro, San Pedro de Cela y Zamáns», para seguir por Beade, Bembrive, Cabral, Candeán y aun Trasmañó y Chapela.

Mientras hoy se demora una ley de área metropolitana, hace dos siglos la administración judicial ya contemplaba una jurisdicción para Vigo que incluía al completo el Val Miñor, por ejemplo.

Un año después de esta ordenación de la Justicia, Vigo sería designada capital de la provincia de su mismo nombre, que absorbía la antigua de Tui y parte de la de Santiago.

Sin embargo, esta ola de poder político hacia Vigo, surgida a comienzos del siglo XIX, se desvaneció a lo largo de dos centurias, curiosamente cuando la ciudad ganaba mayor peso económico y demográfico.

Algún día habrá que estudiar detenidamente qué pasó en los últimos doscientos años con la mayor ciudad de Galicia. Qué se hizo con ella. Y qué razones hubo para un asombroso proceso de postración política que, por cierto, continúa. La demora reiterada de un Área Metropolitana es el mejor ejemplo de que nuestra desgracia no es casual. El futuro que se quiso truncar hace dos siglos, se le sigue negando a Vigo de forma deliberada.

eduardorolland@hotmail.com