Un héroe local


Hay que exigir un viguesado distinguido para Alberto González Estévez, transportista de profesión y gran héroe local. Su historia es sabida: el lunes 3 de enero, nuestro compatriota estaba en una cafetería de Pi y Margall y, por despiste, encendió un cigarrillo. Advertido del error, salió a la calle. Pero una patrulla de la Policía Local, presta siempre a combatir el delito, lo abordó y le impuso una multa de 30 euros.

El caso, evidentemente, era un completo atropello. Cualquier fumador, yo mismo, hemos encendido estos días un cigarrillo en un local público. Y no lo hacemos por emular a Bonnie and Clyde o a Dillinger. Carecemos de vocación de forajidos. Simplemente, sacamos pitillo y mechero como un acto reflejo, sin acordarnos de la nueva ley contra los malos humos. En unas semanas, nuestro cerebro olvidará la época en que se fumaba en los bares y terminarán nuestros despistes.

Por ello asombra la diligencia de la policía municipal en multar a este vigués. Tal comportamiento solo lo hemos visto en algún documental sobre la sabana africana, cuando aparecen ciertas aves rapaces del orden de las falconiformes cuya base alimenticia es la carroña.

Suponemos que la rapacidad de ir a multar con 30 euros a un señor despistado, dos días después de entrar en vigor una ley, no vendrá de una orden directa de la Alcaldía. Y que no sería Caballero quien demandase un trofeo que entregar a la ministra Pajín, en forma de la primera multa sobre el asunto impuesta en Galicia. Más bien, pensemos que estas cosas se le ocurren a nuestros queridos agentes, motu proprio.

Pero, como buen vigués, Alberto González Estévez no es ciudadano que soporte los abusos. Así que nuestro héroe cogió la nueva ley contra el tabaco y se fue al Ayuntamiento, donde comprobó que la propia casa consistorial incumplía sus preceptos, al no señalizar la prohibición de fumar y al permitir hacerlo en la entrada de la lonja, en recinto cerrado y a cubierto, para lo cual incluso habían instalado ceniceros.

Confiemos en que la Dirección Xeral de Saúde Pública le meta un buen paquete al Ayuntamiento y, si fuese posible, sería deseable que la correspondiente multa se abone, no con fondos públicos, sino a cargo del bolsillo del alcalde y del concejal de Seguridad. En buena lógica, quien ordena sablear a un honrado ciudadano por despistarse y encender un pitillo, debería ahora asumir su parte de culpa en no saber cumplir las leyes como corresponde.

Suponemos que la Xunta acogerá con gran delectación la denuncia de Alberto González Estévez y que la conselleira Farjas pondrá la máxima diligencia en que se aclare el escándalo descubierto por nuestro admirado compatriota.

Por de pronto, como mínimo, creo que Alberto González se merece ser propuesto para Vigués Distinguido.

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