Ignacio Fernández Toxo, secretario general de CC.OO., lo explicó ayer muy bien poniéndose él mismo como ejemplo. No se dan las condiciones para la reforma de la jubilación propuesta por Zapatero. Toxo no tendría problema para poder jubilarse antes de los 67 años después de haber trabajado (y cotizado) un mínimo de 41 años. Él, como centenares de compañeros suyos que ya están prejubilados, comenzó la vida laboral como aprendiz de Bazán a los 14 años. Pero hoy, además de que esa categoría profesional ha desaparecido y que con buen criterio no se permite trabajar antes de los 16 años, el mercado laboral se ha deteriorado tanto que no es infrecuente conocer a personas que con los 30 ya cumplidos siguen a la espera de un primer contrato formal que les permita empezar a cotizar.
Si se dejase aparcado el oportunismo electoral, no habría discusión sobre la necesidad de modificar los mecanismos de cálculo de las pensiones. Precisamente para garantizar su supervivencia. La pirámide demográfica mudó y la esperanza de vida es hoy superior a la de hace 25 años, cuando empezaron a pagar para su jubilación quienes ya tiene la certeza de que cuando cumplan los 65 aún no podrán dedicar las mañanas al bricolaje. Pero el Gobierno está obviando la otra parte de la realidad.
Más de la mitad de la población joven española, que en algunos informes estiran hasta los 34 años, vive en la casa familiar porque está estudiando, porque no trabaja o porque los ingresos no le alcanzan para independizarse. Se estima que cerca de medio millón están en la espiral delirante de los que ni estudian, ni trabajan ni buscan empleo. Para un porcentaje elevado, la permanencia en la economía sumergida puede prolongarse hasta diez años más allá de la edad a la que, según la propuesta del Gobierno, debería comenzar la cotización. De modo que los chavales de hoy tendrían que empezar a hacerse a la idea de que no se jubilarán antes de los 75.