La fortuna y la pegada

X.R. Castro

VIGO

El Celta se regaló un triunfo vital en el arranque de año. Dio un golpe en la mesa de la Liga ante su más directo rival y en un campo imposible para los visitantes hasta ayer. Pero el regalo de Reyes no puede ofrecer la lectura más simple del marcador.

El Rayo demostró en el primer tiempo que también va muy en serio. Que tiene dinamita y juego para luchar por una de las dos plazas que aseguran el retorno a la élite. Los vigueses tuvieron en Vallecas la suerte que otras veces le había abandonado, pero al mismo tiempo supieron sufrir y mutar. La defensa comenzó mal, haciendo agua, pero terminó colosal. El centro del campo lloró a Garai de principio a fin, pero Bustos se multiplicó, y la sociedad David - De Lucas pasó de perderse en la contundencia vallecana a recuperar el brillo de los mejores días.

La mutación permite soñar con el ascenso directo, pero desde la realidad de un calendario con instinto asesino. Porque después del regalo anticipado de Reyes de Vallecas, toca una cuesta de enero con tres salidas a cada cual más complicada. Así se forjan las grandes gestas.