Ramón Collazo rememora la explosión en la cubierta de un pesquero supuestamente cargado de dinamita para el cerco de la sardina en 1994, que le dejó como secuela una boca de metal
13 dic 2010 . Actualizado a las 11:59 h.La reciente sentencia que da la razón a los bomberos sobre su falta de competencia laboral para intervenir en los incendios que se produzcan en el puerto de Vigo ha revivido el accidente del Mosquera III. La principal víctima, el bombero Ramón Collazo, recuerda cómo le alcanzó la explosión del pesquero, supuestamente cargado de dinamita. Sobrevivió pero tuvo que reconstruir su fracturada mandíbula con placas y alambres de titanio. El hueso, destrozado en decenas de esquirlas, fue unido con metal.
El siniestro se produjo hace 16 años, en septiembre de 1994, durante la madrugada del sábado al domingo en un barco pesquero atracado en un muelle de O Berbés. «Ardía el puente y la escotilla», dijo. Al dirigirse hacia el buque en llamas, un guardia de seguridad advirtió a los equipos de extinción: «¡Cuidado, que hay fumadores!». En la jerga marina, los fumadores son los cartuchos de dinamita que algunos pescadores arrojan en sus capturas en el cerco.
Los bomberos saltaron al interior del barco y lanzaron agua con sus mangueras. «Entonces, hubo una explosión enorme que me rompió la mandíbula», recordó Collazo. Desde entonces, lleva placas de titanio. «No sentí dolor porque el golpe me seccionó el nervio del mentón aunque tenía la mandíbula deshecha. Aún hoy, tengo mi labio hacia abajo, como dormido», relata Collazo. Pasó seis meses con curas, «con la boca cerrada con alambres». Conserva una cicatriz bajo el mentón.
A día de hoy, el bombero ignora si lo que le golpeó fue la lanza de agua que manejaba o un trozo de la cubierta cuando saltó por los aires.
La explosión abrió un boquete en el barco y se fue a pique en apenas unos minutos.
Mercancías peligrosas
Sus compañeros saltaron a la cubierta destrozada y le rescataron, lo mismo que a otros dos heridos. Uno de ellos sufrió molestias en la audición y otro en el tabique nasal.
Collazo señala que nunca se pudo demostrar que el barco contenía dinamita porque se fue al fondo y, al día siguiente, alguien se lo llevó para Moaña para reparar en el taller. De esta forma, nadie pudo demostrar la presencia de explosivos. «Eran otros tiempos, hoy las autoridades no hubieran permitido llevarse el barco de un día para otro», afirma.
Este señala que la formación es clave en este tipo de incidencias en el puerto. «Por allí pasan mercancías peligrosas, nosotros no tenemos conocimiento de esos productos. Los vemos en las instalaciones portuarias pero de lo que tienen almacenado no nos dan información», indica. Su solución sería que los bomberos supervisen la mercancía.
Actualmente, Collazo está recuperado de sus lesiones y presta servicio en la primera salida del parque de Balaídos. Su equipo es el primero que acude al escenario del fuego.
En su boca le queda algo de falta de sensibilidad pero admite que, pese a ello, come «con normalidad». Señala que si le hacen una radiografía, «mi mandíbula parece que está unida por una cadena como la de las bicicletas». Ha superado el trance y las molestias. «Antes lo notaba, pero ya ni me acuerdo», concluye.