El Dépor entra en inercia ganadora

Rubén Ventureira A CORUÑA/LA VOZ.

VIGO

22 nov 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

El Dépor vive en una maravillosa inercia ganadora. El Málaga le duró un par de bocados. Sin necesidad de un gramo de fútbol, lo ventiló en el primer acto con dos goles que se fraguaron a la salida de sendos córneres. Mientras, en la otra portería, un par de prodigios de Aranzubia evitaron que las dos ocasiones más claras de esa primera mitad acabasen en gol. El partido se resolvió en ese acto inicial. En el segundo, el Málaga no fue capaz de hacerle ni cosquillas a un Dépor inabordable en defensa, de cinco, por supuesto. Pablo Álvarez puso una guinda sabrosa en el ocaso, el 3-0 definitivo. El equipo de Lotina, que ha sumado 10 de los últimos 12 puntos, mira ya al descenso con desprecio.

El partido tuvo un arranque resbaladizo. Bajo un manto de agua, Málaga y Dépor se dedicaron a regalarse el balón. Del despropósito no hay que culpar al césped, que absorbió la lluvia sin expulsar un charco; los responsables fueron los jugadores, que ofrecieron un recital de imprecisión en el pase. Los coruñeses, muy espesos, solo intentaban llegar arriba a base de pases largos al malagueño Dioni, que se desfondó en carreras inútiles. El Málaga, desplegado con un 4-2-3-1, vio el dubitativo arranque local y se animó a atacar. Y se habría adelantado de no haber mediado Aranzubia, que ha vuelto al nivel excelso de campañas anteriores. Un centro de Jesús Gámez desde los dominios de Seoane llegó a la cabeza de Duda, el filo del ataque rival, que remató picado para complicar aún más la cosa para el riojano, que frustró la ocasión con una mano mágica.

Cuando los tribuneros empezaban a amenizar el partido con los primeros silbidos de la oscura tarde, el Dépor se adelantó. A su manera. Subieron los tres centrales al remate de un córner y uno de ellos, Lopo, fue arrollado por Sandro Silva cuando intentaba rematar. El árbitro, bien colocado, señaló el claro penalti, que transformó Adrián con rotundidad. El equipo de Lotina se llevaba el premio gordo sin haber echado moneda alguna.

El Málaga, dolido ante la injusta derrota provisional, se fue a por el empate, que evitó otra aparición mariana de Aranzubia, esta vez a cabezazo picado del defensa danés Kris. La diferencia entre un zaguero clásico, como el tal Kris, y otro con alma de delantero, como Colotto, quedó patente poco después. A la salida de un córner botado por Rubén Pérez el central argentino del Dépor, que de niño era delantero, cabeceó con firmeza a la red el segundo de la tarde.

A la contra

El Dépor, atornillado con su defensa de cinco y un doble pivote incansable, se echó atrás para buscar la contra y dejó hacer al Málaga, que practicó un fútbol de abuse del toque, pero sin profundidad, porque no se la toleró el equipo coruñés, intenso en defensa. La prueba es que solo llegó con peligro otra vez, cuando Recio remató pegado al palo derecho de Aranzubia.

El equipo coruñés se planteó la segunda mitad como una cuenta atrás. Hizo aquello de nadar y guardar la ropa, un ejercicio de control sensacional. No se toleró ningún riesgo y selló su área. El Málaga solo encontró caminos angostos. El Dépor, presionando desde arriba, ni siquiera le dejó el recurso al tiro lejano, si bien Mtiliga encontró un resquicio para disparar desviado a la derecha de Aranzubia, en la que fue la acción más peligrosa de los visitantes en la segunda mitad. Le queda mucho trabajo a Pellegrini en este Málaga, que dejó un rastro de impotencia a su paso por Riazor. Por el contrario, este resucitado Dépor es todo vigor, un equipo solidario en el que todos suman. Hasta los que no contaban, como Pablo Álvarez, que ideó en una deliciosa acción individual, la que puso el lazo a la tarde.