Condenados

La Voz

VIGO

El Sergas y Povisa están condenados a entenderse. Nadie concibe que el Sergas pueda prescindir de la noche a la mañana del hospital privado, ni que este pueda deshacerse de golpe de su mayor cliente. Por mal camino van las cosas cuando la empresa dice que no hay negociaciones y el Sergas ve todo encauzado. De ellos, de ambos, dependen más de un millar de empleos y la atención sanitaria de 143.000 personas.