El dueño del Odriozola alega que su informe sobre el mal estado del edificio es «exagerado»

E.V.Pita VIGO/LA VOZ.

VIGO

El casero, que olvidó 12 años el expediente, pretendía la declaración de ruina para desalojar y vaciar el inmueble

16 oct 2010 . Actualizado a las 02:32 h.

El socio principal de Rogina Instalaciones SL, propietaria del edificio Odriozola, Servando Méndez, confirmó ayer en el juicio por el derrumbe del inmueble de 1999 que hace doce años presentó un expediente gubernativo para solicitar la demolición de su finca por su mal estado de conservación. «Era un informe exagerado, por no calificarlo de otra manera. Mentí. El único objetivo era lograr la autorización para demoler el edificio y la declaración de ruina. Así podría desalojar provisionalmente a los inquilinos, a los que garantizaría su vuelta», se excusó.

El juez le preguntó porqué no habló a nadie, ni a su propia abogada, de ese informe hasta doce años después. «Me olvidé», dijo el casero, que compareció en calidad de testigo y principal demandante del juicio. Reclama 3,6 millones de euros por la destrucción de su propiedad, que adquirió en junio de 1998. «Estaba en América y me llamaron: ''Oye se cayó la casa y hay una muerta''», relató. La demolió en el 2000 y la reconstruyó en el 2008. Pide tres años de cárcel para los 9 acusados del accidente.

Compró el Odriozola por 1,93 millones de euros y, dos meses después, cursó una petición ante el Gobierno Civil para demoler el inmueble. Se basaba en el informe que redactó su cuñado, arquitecto de profesión, y en el que aseguraba que el Odriozola tenía goteras, picos en los suelos, vigas carcomidas y grietas. Estaba casi en la ruina y su mal estado de conservación aconsejaba su demolición.

La defensa halló ese informe olvidado y lo sacó a relucir al empezar el juicio el día 4. Los abogados de los nueve implicados en la demolición de la Galería Sensat, contigua al Odriozola, ignoraban ese escrito pero ahora se basan en él para alegar que no pudieron prever el accidente porque el vecino no les avisó del peligro.

El casero compró el edificio histórico por la edificabilidad de 4.500 metros cuadrados que le otorgaba el proyecto de la manzana Fraga. Debía conservar una doble escalera y la fachada noble. «Vaciar el interior era más barato», dijo. Quería habilitar 26 viviendas donde solo había siete, tres ocupadas por inquilinos de renta antigua.

Un día, mientras hacía deporte, un amigo le propuso como solución que presentase un modelo para edificios ruinosos. Si lograba el permiso para demolerlo, podría desalojar a sus inquilinos sin indemnizarles. «Solo fui una vez por allí y, la verdad, el Odriozola estaba perfecto, estupendo, las maderas impecables», admitió.

La defensa de los acusados le acusó de «tomarnos el pelo» y le preguntó por qué quince días antes del derrumbe, suscribió una póliza de seguro para el Odriozola. El casero no recordaba ese detalle.

El inquilino del tercero, Jesús Pérez, dijo al juez que la sociedad dueña del Odriozola les hizo ofertas para irse por las buenas y «por las malas, todo valía para echarnos». «Nos amenazaron, a Carmen le dijeron que la casa se le iba a caer encima. Rogina y el Ayuntamiento deberían estar sentados aquí en el banquillo», dijo. Méndez niega tales negociaciones con los vecinos.