La célebre fotógrafa neoyorquina Diane Arbus definió la fotografía como «un secreto acerca de un secreto... Cuanto más te dice, menos sabes». Quizá sea la sensación que se siente al entrar en una de esas cabinas estrechas, instalada en lugares públicos, porque se corre una cortina para preservar la intimidad y, sentado ante un espejo, para componer la apariencia, nos sorprenden cuatro o seis lamparazos, lo que se traduce en pocos segundos en una serie de fotos en sucesión, ninguna de ellas escogida por ningún fotógrafo, porque todo el proceso ha sido automático. Pero aun así hay quien se queja. No es precisamente a la máquina, sino al técnico de Tecnotron, como le sucede algunas veces a Rubén Pereira Cardalda (33 años). «El fotomatón no miente, aunque alguna se cree que es más guapa», afirma. -¿Recibe algunas quejas? -Hay quien se equivoca al pulsar el botón y me llama al contestador para quejarse de que no le salió la foto que deseaba. -¿Se le fundió la lámpara? -(Sonríe). El luminoso estaba un poco viejo, además tenía un tubo fluorescente fundido, por lo que tuve que cambiarlos. Está en la entrada del Centro Comercial Camelias y es importante que se mantenga en perfectas condiciones, pero como todas las demás. Cada día la utilizan una media de veinte personas. Tenemos 13 en Vigo. -Da la sensación de que la tiene con las tripas fuera. -(Risas). Por dentro es muy sencilla de manejar. Basta con seguir las instrucciones. -¿Pero habrá que meterle las monedas? -Por supuesto. Con cuatro euros, se consiguen seis fotos carné. -¿Solo fotomatón? -Creo que ese nombre se lo pusieron en Italia, que es de donde procede la empresa. Pero también puede hacer fotos de diversión, incluso son más baratas (2 euros). -¿Y fotos de invitación para una boda? -Puede hacerlas, además sería algo muy original.