La Xunta de Galicia convocó ayer un concurso público para crear en el edificio de La Gota de Leche un Centro de Apoyo al Empleador. Para tan magno cometido, se destinan 455.000 euros, que son más de 75 millones de las antiquísimas pesetas. La inversión, aunque lo parezca, no es exagerada. A un Centro de Apoyo al Empleador se le puede dedicar este dinero, la mitad o dos mil veces más. Al tratarse de una perogrullada, y carecer por tanto de pies ni cabeza, la partida presupuestaria para ponerlo en marcha sólo depende de la imaginación creativa del político que lo impulsó. En La Gota de Leche, la Xunta de Galicia tenía un albergue para pobres. Hace dos años, se gastó 240.000 euros en adecuar las instalaciones y transformar el antiguo colegio en un lugar donde pudiesen cobijarse los sin techo. Ahora, en hábil maniobra, el Gobierno de Feijoo tira el dinero invertido y comienza de nuevo, con la salvedad de que se va a gastar el doble que la última vez. Es imposible aventurar en qué diablos consiste un Centro de Apoyo al Empleador. Suponemos que es un sitio a donde acuden los empresarios y se les da una palmadita y un colacao. «¡Venga, empleador!», dirá el técnico contratado al efecto, «¡A seguir así, con ese arte que tú tienes!». Y el empleador bajando por aquellas escaleras tristes, de La Gota de Leche, hecho un pincel. «Desde que acudo al Centro de Apoyo al Empleador, mi vida ha cambiado? Me están entrando ganas de empezar a hacer contratos indefinidos. ¡Gracias, Xunta de Galicia!», dirá el primer voluntario al Telexornal Mediodía de la siempre imparcial TVG. Más allá de esto, dudo que nadie en su sano juicio sepa para qué va a servir el engendro ni por qué hay que hacerlo con fondos públicos, en un edificio público, que además estaba recién acondicionado para otra cosa. Es de temer que todo esto no sea más que la enésima operación para tirar el dinero, disciplina política a la que son tan afectos nuestros gestores públicos. Es como cuando se levanta una acera recién arreglada, pero a lo bestia. Te gastas 240.000 euros en hacer un refugio para transeúntes y, cuando está terminado, cambias de idea y te gastas otros 455.000 en una fantochada. En el inminente invierno, los pobres de Vigo volverán a morirse en la calle. Y lo permitirá la Xunta de Galicia, que curiosamente es una potencia mundial en materia de albergues, aunque sólo para peregrinos. Así que a nuestros pordioseros no les queda otra que colgarse del pecho una concha de vieira y salir a hacer el Camino, donde les darán cama, ducha y cocina. Los que no se animen, siempre pueden hacerse pasar por «empleadores» y ponerse a la cola de La Gota de Leche. Aunque allí no les atenderán, la gran afluencia de gente a semejante lugar lo hará magnífico sitio donde pedir limosna.