Es el día y el lugar en el que Juan Manuel Diz Guedes y la joven Paula Pérez se darán el sí. Será el segundo para el otrora conselleiro popular y, desde las últimas municipales, cabeza visible de Tudenses Unidos Independientes.
Dicen los que conocen a la pareja que, salvo la edad, tienen muchas cosas en común. Para empezar ambos son de Tui (la familia de Paula con raíces en Chantada) pero, sobre todo, porque comparten pasión por el piragüismo. En el club Kayak conocen bien las marcas de la joven. «No es que sea olímpica, pero se defiende muy bien con los remos», asegura una persona también asidua de las aguas del Miño que, por otra parte, tantas veces ha surcado Diz con su piragua.
Al parecer, también les unen los gustos culinarios. Y es que, según me cuenta la misma garganta profunda, la pareja abrazó hace algún tiempo la dieta vegetariana. De ser así, seguro que el chef del Gran Hotel de La Toja, en cuyo restaurante se celebrará el banquete, habrá recibido la encomienda de preparar un menú ad hoc; eso sí, con algunas variantes, ya que no todos los invitados, más de un centenar, compartirán gustos.
Sin palabras, como le gustaba a él. Así hizo el pasado viernes su mutis final Nacho Otero. Y así le despidieron ayer los amigos en el cementerio de Pereiró. Un silencio roto por un largo aplauso, el último de tantos como ha recibido en sus incontables monólogos corporales.
La tierra cubrió su frágil cuerpo y las flores cubieron la tierra, pero nadie se movía. Parecía que todos tuvieran los pies clavados al suelo. Una fina pero pertinaz lluvia los estaba empapando, pero permanecían inmóviles. No hacía falta más que mirar con un poco de atención, sobre todo a los ojos, para comprobar que la verdadera mojadura la sentían por dentro.
Dos minutos, cinco minutos, diez minutos, quince minutos después..., aquel semicírculo de amistad huérfana, lo más parecido al patio de butacas de cualquiera de los escenarios que un día contemplaron la actuación del mimo, seguía intacto.
Allí estaban los que conocieron a Nacho en su etapa de actor mudo, es decir, anteayer, pero también los que compartieron juventud y hasta adolescencia. Seguro que, sin que muchos lo sepan, su intervención fue decisiva en el enamoramiento a pie de pista (de baile) de muchas parejas en los 70. Durante años fue el pinchadiscos de una discoteca que ya no existe en Hernán Cortes. Beatlemaníaco confeso, no faltaba un monográfico de los de Liverpool con cada cambio de estación. «Es difícil elegir una canción, me gustan todas», solía decir. Cuando le apretabas un poco más, confesaba su debilidad por Yesterday. Y yesterday recibió la última ovación. Los Moriatov, fieles a su cita con Mondariz. Un agosto más (y creo que van 14), la familia de músicos rusa (Valery, Irina, Mikail y Eugeny) ameniza las veladas del balneario. Según un contrato no escrito, ellos actúan cada noche a cambio de recibir alojamiento en el hotel.
Creo que alguna vez ya he contado cómo empezó esta peculiar relación hotelero-musical pero, por si acaso, vuelvo a hacerlo. Los Moriatov vinieron a Galicia por vez primera hace casi tres lustros invitados por la Real Filarmonía de Galicia. Nacidos en San Petersburgo, de esta esquina de Europa sabían más bien poco tirando a nada, así es que antes de ponerse en camino trataron de informarse.
No se sabe cómo, una vez en la autopista de Internet, terminaron tomando un ramal que les condujo a Enrique Peinador, fundador del balneario y conocido filántropo. Descubrieron que a principios del siglo pasado aquél proporcinaba alojamiento a un grupo de música francés a cambió que actuar para los huéspedes del Gran Hotel. Pensaron que bien podría retomarse aquella costumbre. A la vista está que se retomó.