Así planchaba, así, que yo lo ví

Luis Carlos Llera Llorente
Luis Carlos Llera REDONDELA/LA VOZ.

VIGO

La Concellería de Igualdade de Redondela imparte un curso de tareas domésticas para que los niños compartan los trabajos

06 ago 2010 . Actualizado a las 11:41 h.

La antigua canción de los payasos de la tele sobre una niña que realizaba todo tipo de tareas en el hogar tiene nueva letra y en Redondela se han aplicado a ella. Ahora son los niños los que planchan y friegan. Y lo hacen encantados. No hay peligro de que se quemen porque, como explica la monitora Nieves Cuéllar, la plancha no está encendida. Simplemente la calientan un poco.

Cuéllar es una de las profesoras de tareas domésticas de un grupo de 16 niños y niñas de cuatro a diez años de edad. Cuéllar y otros dos monitoras, Clara Artime y Carmen Viñas pertenecen a dos empresas contratadas por el Concello de Redondela para poner en marcha estos talleres. Los niños reciben las enseñanzas en el centro cultural de Cedeira. Los roles típicos se han intercambiado en las clases. Las niñas se dedican a aprender bricolaje y realizar arreglos, y los niños, a planchar y hacer las camas. Hay un jergón para las prácticas. Pero la colcha dura poco tiempo estirada porque enseguida se ponen a saltar encima.

«¿Profe, frego?», pregunta un desparpajoso niño de cuatro años, Rubén Couñago, mientras coge con destreza la fregona.

Taller para padres

El curso patrocinado por la Concellería de Igualdade, que dirige Rosa Costas Estévez, terminará hoy con una gran fiesta en que los sándwiches y la decoración han sido confeccionados por los alumnos. Desde el pasado lunes, los rapaces han aprendido labores que muchos mayores no saben realizar, como coserse una bolsa para el bocadillo del colegio, con botón incluido. Las agujas que se emplean en el taller son romas y la costura se hace con tela de saco, fácil de perforar. Antiguamente todos los hombres aprendían a coser botones porque en la mili se jugaban un arresto. Ahora que el servicio militar ha desaparecido las labores de la aguja parecen relegadas a unos pocos modistos famosos. El taller pretende evitar que los futuros adultos tengan que pedir ayuda para enhebrar una aguja.

Los padres de los niños están sorprendidos por el aprendizaje. Al llegar a casa los pequeños les piden colaborar en las tareas domésticas. Pero, aunque los niños estén dispuestos a compartir, siempre se escucha a alguna madre: «Ti non fagas iso que manchas». «Teríamos que facer un obradoiro para os pais», apostilla Nieves Cuéllar.