Mejillón al vapor o en empanada

J. L. / E. V. P. VIGO/LA VOZ.

VIGO

La Federación de Peñas El Olivo celebró su anual romería con un almuerzo de bivalvos en el parque de Castrelos

02 ago 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

A primeras horas de la mañana, bajo la sombra de los árboles del parque de Castrelos, los voluntarios de la Federación de Peñas Recreativas El Olivo comenzaron a preparar cerca de 3.500 kilogramos de mejillones. «Fueron adquiridos en la ría de Arousa para evitar los efectos de la marea roja que afecta a la ría viguesa», había tranquilizado Juan Carlos Padín días antes, para animar a los participantes.

La puntualización del secretario general de la Federación no cayó en saco roto, y fueron muchos los que acotaron sus respectivas parcelas temporales en la antigua finca de los Quiñones de León.

La limpieza y la coción de los bivalvos ocupó buena parte de la mañana, mientras la música de las gaitas animaba la clara mañana del primer domingo de agosto, coincidente con la celebración de la procesión del Cristo de la Victoria.

Como en toda fiesta, en esta dedicada al mejillón hubo un pregonero, que se dedicó a exaltar las virtudes del molusco más internacional que cultiva Galicia. Lo que no sabía Ángel Méndez, gerente del mercado de O Berbés, es que su protagonismo no acabaría con la lectura del pregón. La dirección de la Federación de Peñas Recreativas El Olivo decidió entregar este año el Mexillón de Ouro a Ángel Méndez.

«La mañana comenzó un poquito floja, aunque la temperatura es muy agradable», señalaba el incombustible Juan Carlos Padín. Claro que con el paso de las primeras horas, y a rebufo del olor de la comida, el gentío se hizo patente.

Los mejillones se podían degustar al vapor con limón o en empanada, al precio de tres euros cada una de las raciones. El vino corría a parte, previo pago de cinco euros la botella aunque se podía adquirir un vaso por un euro. Los precios eran bastante asequibles según comentaban los degustadores.

A la una de la tarde, las dos largas mesas habilitadas para los clientes estaban atestadas. Acompañados de pan, los comensales dieron buena cuenta de los mejillones al vapor. También había cola en los puestos de venta. Las bandejas de cada ración eran generosas, lo que hizo abrir los ojos como platos a algunos turistas.