Entre cinco y veinte niños se pierden cada fin de semana en la playa de Samil, casi siempre como consecuencia de un descuido de sus padres
23 jul 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Más de un centenar de niños se pierden cada verano en la playa de Samil. Acontecimientos como el Festival Aéreo del pasado domingo disparan las cifras pero, frente a los entre 25 y 30 pequeños que desaparecieron de forma momentánea coincidiendo con este evento, el dato de un fin de semana normal tampoco se queda atrás: de cinco a veinte casos.
Tan frecuentes son estos pequeños incidentes playeros, que los socorristas del arenal vigués están más que habituados a tratar con los niños. El procedimiento habitual es conducirlos a la caseta central de Cruz Roja, ya que su localización facilita la tarea de devolver el niño a sus padres. A continuación, se anuncia por megafonía lo que ha sucedido, tanto si se ha encontrado un crío desubicado como si son los padres los que advierten de su desaparición.
Mientras, se trata de tranquilizar a los afectados, especialmente a los pequeños, que suelen llorar desconsolados en el momento en que se da con ellos. Pero la agonía dura poco, pues la media del tiempo que suele transcurrir entre que se detecta el problema y se resuelve nunca superar los diez minutos.
El motivo de la pérdida suele ser el mismo en todos los casos: el descuido de los padres. Estos no tienen en cuenta la baja estatura de sus hijos -cuya edad media oscila entre los tres o cuatro años y los ocho o diez-, que provoca que su percepción visual sea considerablemente distinta a la de un adulto -en el caso de los más pequeños, es difícil que supere el metro-. El problema surge cuando, de repente, solo ven ante sí las sombrillas y la multitud, pero sin rastro de sus progenitores. Es entonces cuando empiezan a caminar sin rumbo, casi siempre alejándose todavía más de su familia, hasta que alguien se percata y advierte al servicio de socorrismo.
Al mismo tiempo que brotan las lágrimas de los pequeños, se multiplica el nerviosismo de los padres. Pero precisamente, sobre ellos recae la mayor parte de la culpa según cuentan desde Cruz Roja: «Si estuvieran más encima de sus hijos, no pasaría tan a menudo», dicen. Prueba de ello es que aseguran que nunca se ha producido un caso de niño perdido y acompañado por sus abuelos: «Ellos sí que no les quitan ojo».