Las fiestas del Carmen reunieron a centenares de personas que celebraron las tradiciones más arraigadas de la villa
18 jul 2010 . Actualizado a las 02:00 h.La Real Villa se dividió ayer entre turismo y devoción. Mientras decenas de visitantes se bañaban en la playa, otros tantos vecinos de Baiona honraban a la patrona de los marineros, la Virgen del Carmen.
La tarde empezó con las tradicionales cucañas marineras. Los jóvenes participantes se deslizaban erguidos por un tronco de eucalipto embadurnado en aceite para agarrar con la mano un pequeño banderín situado en el extremo. La prueba se desarrollaba de una embarcación y los competidores, tarde o temprano, acaban dándose un chapuzón. Este año se dedicaron las cucañas a un ex participante, Carlos Misa, que todavía se está recuperando de un accidente de tráfico y que siempre se llevaba un pequeño botín por su pericia.
Sobre las 19.00 horas tuvo lugar la misa de campaña cantada por el coro de hombres Voces Baionesas. Se trata de una banda de cincuenta vecinos de Baiona, en su mayoría jubilados, que dirige desde hace casi diez años el ex capitán de barco Remigio Leyenda.
Seguidamente, se hizo entrega de la placa al marinero mayor de la villa, que este año cayó en manos de Luis Estévez Pereira, de 87 años para, a continuación, proseguir la celebración con la tradicional danza de las espadas. El momento que todos esperaban llegó cuando la imagen de la virgen fue transportada a hombros hasta la embarcación que la llevó por la ría hasta cerca de Panxón. La siguieron multitud de embarcaciones hasta su regreso al altar. Ya, a media noche, el protagonismo fue para los fuegos de artificio.
Hoy continúa la fiesta con pasacalles y pequeños conciertos y verbena a las 23.00 horas.