La cloaca máxima


El mismo día en que las playas de Vigo recibían ocho banderas azules, un vertido contaminante obligaba a cerrar tres arenales: A Punta, ETEA y Mende. Ayer, el chapapote ya llegaba a Samil.

La responsable, esta vez, fue una industria conservera, estupendamente instalada en un relleno en Punta Chapelisa. Una fuga accidental envió a la ría 100 litros de fuel, cifra ofrecida por la propia empresa, pero que debe ponerse en duda, dada la magnitud y extensión de la mancha.

Los portavoces de la factoría calificaron la fuga de «incidente imprevisible». Y así sería, en efecto, si no fuese por un significativo detalle: ¿Qué hace una industria asentada en un relleno sobre la ría en una zona protegida por la Red Natura? Como dicen en la NASA para extremar las precauciones en cualquier misión, «todo lo que puede ocurrir, ocurrirá».

Cuando, hace unos meses, un astronauta japonés fotografió Vigo desde la Estación Espacial, pudimos comprobar dos cosas. Desde el espacio, no se ven las pirámides de Egipto ni la Gran Muralla china. Pero se ve el relleno de Bouzas.

La pasión por rellenar nos ha llevado a ganar terrenos al mar para montar hasta almacenes de alimentación o maquinaria. Que bien podrían estar en cualquier otra parte. Y los fines de semana, el glorioso Rápido de Bouzas juega en un campo de fútbol construido sobre un relleno donde sólo crece la hierba artificial. En Vigo, todo se ha hecho encima de la ría y, como es lógico, a veces, es la ría la que lo paga, con su contaminación.

Lo preocupante es que el vertido se haya detectado en temporada de playas. Y no porque arruine la imagen turística de la ciudad, sino porque esto ya se ha convertido en un clásico. El año pasado, la imagen fue Samil cubierta de espuma de detergentes industriales.

Y no es que en verano se contamine más, sino que se nota más. En temporada estival, los bañistas son los mejores vigilantes de unos vertidos que, en invierno, se hacen menos evidentes.

La ría, para algunos, tiene la consideración de cloaca máxima. Y, entre los que así piensan, debemos contar al Concello y a la Xunta. Su pelea por el pago del IVA de la depuradora del Lagares nos ha hecho perder ya más de un año, sin que comiencen unas obras esenciales para el saneamiento de nuestro mar.

Una empresa vertió esta semana cien litros de fuel en Punta Chapelisa. Pero la depuradora, con capacidad para tratar 1.500 litros de agua por segundo, recibe el doble: 3.000. Vemos así, en esta desvergüenza, a los políticos en vanguardia, dando ejemplo.

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