Más difícil todavía

VIGO

04 jun 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Cada dos meses, sopeso enviarle la moto a Xulio Calviño. Esto, o remitirle las constantes facturas por reparación de ruedas, dirección y amortiguadores. Imagino que el entusiasta concejal de Tráfico no podrá objeciones a sufragar estos gastos. El Concello está obligado a pagar la reparación de todo accidente que se produzca por una negligencia municipal. Si se deja una zanja sin señalizar y te estampas, pagan los de la Praza do Rei.

Sentado este precedente jurídico, no hay razón para que no se indemnice también por el daño diferido. La acumulación de socavones, baches y trampas de alcantarilla parece perfectamente diseñada para que los motoristas vigueses conozcan muy de cerca, a través del sentido del tacto, la calidad del asfalto. Y si, en singular ejercicio de funambulismo, el piloto es capaz de sortear el campo de minas, salvará la integridad propia, pero no la de su vehículo. Puede que no se rompa la moto al instante, pero se encontrará cada dos meses visitando el taller.

El parque de motocicletas ha crecido en Vigo un 85 por ciento en los últimos cinco años. Las dos ruedas son la mejor solución para sortear el tráfico. Y, en tiempos de crisis, es un medio de transporte barato. Además, alivia la circulación y es ecológico. Frente al clásico «un hombre, un coche», la moto ocupa y contamina menos. Pero sigue vigente no sé qué rancio prejuicio hacia este vehículo.

Partiendo de este recelo, se entiende la gincana en que se ha convertido circular por Vigo. El bache que supone un sobresalto en un coche, en moto puede llevarte directamente a traumatología del Xeral. Y, a la larga, como mínimo, te lleva de visita regular al taller. En estos negocios pronto sustituirán los clásicos calendarios de señoras estupendas por retratos de Xulio Calviño, guía y benefactor de su prosperidad. Al igual que Ahmadineyad tiene en su despacho un cuadro del Ayatolá Jomeini, los mecánicos van a empezar a venerar al concejal de Tráfico, que Alá guarde por su generosidad.

A favor de Calviño habrá que decir que, en este mandato, ha creado cientos de plazas de aparcamiento para motocicletas. Pero siguen siendo insuficientes. Y, cada cierto tiempo, hay que escuchar campañas como la última, en la que se critica que estacionen motos en la remodelada Porta do Sol. Cuando, arrimadas al borde de la acera, no molestan a nadie. Y constituyen una imagen no exclusiva de Vigo, sino que es la misma estampa que te encuentras en Madrid, Barcelona, Valencia o Roma. Se desconoce si los vecinos que protestan por las motos en Porta do Sol son los mismos que piden que aparquen coches en el Casco Vello, lo que resultaría muy humorístico.

Que en Vigo crezca el parque de motos es una buena noticia. Al menos, a la espera de un transporte público más eficaz. Es una tendencia que recorre Europa. Y al fenómeno hay que darle soluciones, no perseguirlo. Tampoco, convertir la circulación en una prueba de motocrós free style o en un «más difícil todavía», digno de un número de las motos locas del circo Ringland.