Las dos caras del Atlántico

Laura Míguez

VIGO

La vida de cruceristas y tripulantes en el «Grand Voyager».

26 abr 2010 . Actualizado a las 13:30 h.

Esto se mueve. Por si quedaba alguna duda, un ligero traqueteo constante recuerda a los más de seiscientos pasajeros que bajo los amasijos de hierro, solo está el océano. Algunos de los cruceristas a bordo del Grand Voyager lo tienen presente cada vez que se atiborran de Biodramina para hacer frente al mar. Otros deciden sucumbir al movimiento de las olas secundándolo con la barra libre de los bares (para todos aquellos que hayan pagado los 60 euros del paquete de bebidas). Si no puedes con el enemigo, únete a él.

Lo cierto es que el movimiento se convierte de noche en un buen acompañante para dormir, por lo que unas cuantas horas de reparador sueño sirven para levantarse fresco y dar los buenos días a Lisboa. El puente de 25 de abril recibe a los cruceristas, que desembarcan en una zona no muy acogedora. Ahora que el buen tiempo hace presencia, siempre queda la opción de armarse de bañador y tumbona para aspirar los rayos de sol que bañan la embarcación desde primera hora. Incluso es posible aventurarse a meter los pies en la piscina, de tamaño reducido aunque todo un acontecimiento para los más pequeños de la casa.

Todo sea moverse de una forma u otra para abrir hueco a la comida. Buffet libre con opción de terraza o interior en uno de las plantas, incluido un momento parrilla de hamburguesas y perritos calientes; restaurante con menú a la carta o un pequeño italiano son las opciones gastronómicas. Pasar hambre no está previsto en el planning diario, que cada día colocan a las puertas de las habitaciones informando de los horarios de excursiones, combinados del día, actividades previstas o recomendaciones de vestimenta. Además de las tres citas imprescindibles con el estómago, la agenda diaria incluye hora de la merienda, cóctel de gala con el capitán y la tripulación a media tarde o un momento de canapés para que el primer turno de la cena (que empieza a las 20.00, el segundo es a las 22.15) pueda tomarse un refrigerio a media noche. Por supuesto, los planes incluyen pequeñas sorpresas como simulacros de emergencias, visitas por el buque, conciertos y otros detalles que animan la vida a bordo.

El trabajo a bordo

Esa vida relajada y tranquila a bordo tiene, por supuesto, otra cara. O más bien cerca de 300 caras, las que se corresponden con la tripulación que viaja a bordo. Procedentes de India, Argentina, Colombia, China, Rumanía, Filipinas o Brasil, los trabajadores ofrecen el punto multicultural a un crucero con tintes gallegos. Hay turnos de mañana, tarde y noche. Claro que también hay tiempo libre para visitar las ciudades si el desembarco es de tarde o para divertirse en las zonas de personal. «Tenemos nuestro propio bar donde hacemos nuestras fiestas. Hay muy buen ambiente. Llevo seis meses trabajando aquí y nos llevamos todos muy bien. Nos entendemos en inglés o castellano, o portugués, lo que cuadre», dicen Elisángela y Amalia.