Un debate parlamentario es, a menudo, un ejemplo de compadreo. Cada diputado habla para los suyos. Aunque usa los datos como le parece, le aplauden. Es lo que sucedió ayer en Santiago. En la refriega sobre el futuro de la sanidad de Vigo, cada grupo parlamentario no dudó en echar mano del engaño y en moldear los datos a su medida para defender sus propios intereses. Cuando la falta de rigor no salva a nadie, la altura de miras sí queda lejos de muchos.
La conselleira abrió fuego. Según Pilar Farjas , su departamento ha incorporado la posibilidad de que los pacientes de Vigo puedan elegir hospital: o el Chuvi o Povisa. No es cierto, como plasma un documento que el bipartito terminó en marzo del 2009 y que ya recoge la «libre adscripción». Claro que Farjas también aseguró que el PP está «cumprindo coa palabra dada» porque -dice- empezará a finales de este año las obras en Beade, y las habían prometido para el 2009.
En el uso parcial de los datos no estuvo más alejado el portavoz socialista, Modesto Pose . El diputado defendió ante la Cámara lo que su partido negaba cuando estaba en el Gobierno, a saber, que Povisa deje de tener una población de referencia asignada. En ese mismo documento del 2009 se establece esa condición.
Para no ser menos, también Ana Luísa Bouza estuvo a la altura. La diputada del BNG llegó a calcular que, según el modelo planteado por el PP el nuevo hospital costará 3.000 millones. Bouza suele insistir en una reducción de camas que no existe con respecto al proyecto anterior.
Claro que la jugada la remató el Rosendo Fernández (PP), que llamó a los suyos a «non perder o tempo en convencer» a quienes no están de acuerdo. Total, ¿para qué?