Al conselleiro de Cultura no le sale nada. Vale que, con el Xacobeo, no le vengan ni U2, ni los Stones, ni Radiohead. Pero es que no le va a venir ni el Papa. Así lo ha anunciado el nuncio apostólico, que la visita «no es conveniente». La noticia es, sin duda, sorprendente. Siendo Compostela, como nos han dicho, uno de los pilares de la cristiandad, y teniendo en cuenta que no va a haber otro Año Santo en más de una década, resulta llamativo que Benedicto XVI descarte venir a Galicia, donde sería recibido por una legión de seguidores, que lograrían grandes beneficios espirituales, al tiempo que dejarían en el país importantes beneficios terrenales.
Una visita del Papa, en los tiempos que corren, nos vendría que ni pintada, tanto para la crisis espiritual como para la otra. Nada mejor para la economía que decenas de miles de peregrinos, dejándose los cuartos en Galicia para ver al Santo Padre.
Como yo presumo de laicismo, podrá objetarse que mi tristeza sea cínica. Pero no lo es. A mí podrían no gustarme U2 ni los Rolling, por ejemplo, pero comprender que un concierto suyo bastará para sanar a la hostelería y al turismo.
Otro tanto ocurre con el Papa Ratzinger. Que puede gustarte o no, pero nadie podrá negar que una gira suya dé beneficios. Así que debemos ver la negativa vaticana como una mala noticia. Es un revés más para el conselleiro Varela, como también para nuestro embajador en la piazza di Spagna, Sir Francisco Vázquez, que no podrá ponerse esta medalla.
Confiemos en que el Pontífice Máximo cambie de idea. Y que mude sus vacaciones en Castelgandolfo por unos días en el castillo de Pambre. Los hermanos misioneros de Teis estarían encantados de cederle las instalaciones.
Habrá, por supuesto, quien no quiera que venga el Papa. Y hasta lamente que pida la visita un descreído como el que suscribe. Pero esta postura, además de un pelín talibán, es poco práctica. Una gira pontificia es una fuente de beneficios, mayor que la de ningún artista, con el único inconveniente de las hordas de jóvenes ruidosos, armados de guitarra, que cantan a la espiga dorada por el sol.
Además, como vigués, creencias aparte, hemos de reconocer que la Santa Madre Iglesia es la única institución que, a lo largo de la historia, nos ha hecho algo de caso. Ahí está, para probarlo, la diócesis de Tui-Vigo, con concatedral en la ciudad y obispo residente. Ya nos gustaría que el Estado, en sus múltiples formas a lo largo de los siglos, hubiera dado a esta urbe la categoría que sí le reconoce el Vaticano.
Así que ya tenemos una razón más para que venga el Papa. Haga su deberes el señor conselleiro. Y que el embajador eche una mano. Si este año no cantamos el Satisfaction, a ver si entonamos el Totus Tuus. Y, si no, que vuelva Pérez Varela.