Vitrasa perdió el pasado año 600.000 pasajeros. El PP lo achaca a las obras y el PSOE, a la crisis. Y puede que haya un poco de lo uno y de lo otro. Como, también, que el servicio es mejorable. Dotaciones básicas, como el aeropuerto, la estación de buses, la de ría y la de trenes, están mal comunicadas. Las líneas deberían ser más flexibles, con refuerzos en horas punta de colegios o centros de salud. Algunos barrios piden más frecuencias y, en acontecimientos como los partidos en Balaídos, podría ser más dinámico. Por lo demás, es cómodo y, por el centro, va bien.
El concejal Xulio Calviño prepara un plan de movilidad para Vigo. Y hace tiempo que es necesario. Confiemos en que vaya más allá de algunas ideas absurdas que se han filtrado a los medios. Como los «aparcamientos disuasorios» que se proyectan en Teis, en Navia o en la avenida de Madrid.
El más ignorante en cuestiones de tráfico sabe ya que los «estacionamientos disuasorios» no disuaden a nadie. Sólo funcionan, como podrá corroborar Calviño con ualquier experto, si tienen adosada una estación de ferrocarril o una de metro. Nadie se baja del coche para coger el autobús. Ni aquí ni en Berlín ni en Murcia. Salvo, claro está, que, como en Londres, se prohíba el acceso del vehículo privado al centro, o se grave con una tasa astronómica.
Si la cosa va por estas ideas, tal y como se ha filtrado, mal asunto. Además, para aparcamientos disuasorios ya tenemos un buen puñado en el centro de la ciudad, con precios que sin duda «disuaden» de dejar allí el coche a la mayoría de la población.
A favor de Calviño, eso sí, escribiré una herejía: el tráfico en Vigo no es malo. Lo creo, sinceramente. Visito mucho Santiago y A Coruña en los últimos tiempos. Y aquello es el auténtico infierno comparado con esto. Hubo aquí días terribles con los tres aparcamientos en construcción al mismo tiempo. Pero, en general, no vivimos el caos que padecen en otras ciudades. O que sufrimos aquí en otros tiempos.
Pero nos urge ese plan. Que, además de reordenar el tráfico y el transporte público, debería intentar cambiar cierta mentalidad. Tomo el Vitrasa mucho últimamente. Los temporales me disuaden de coger la Vespa, mi único vehículo motorizado. Y voy por la ciudad a bordo de los autobuses verdes.
En cada viaje, sin embargo, hay algo que me llama la atención. A menudo soy el único hombre a bordo. En los «vitrasas» solo viajan mujeres, niños y ancianos. O son abrumadora mayoría. Y esto es un indicio de algo: el que puede -varón- va en su coche. Y deja el transporte público para los más sufridos. Así que urge, también, prestigiar el autobús. Y, para eso, podrían dar ejemplo nuestros concejales. O el alcalde, que mucho lo anunció pero solo fue una vez. A diario prefiere ir en coche con nombre de línea: C-6.