El bombero vigués José Antonio Torres partió ayer del aeropuerto de Peinador hacia la terminal madrileña de Torrejón de Ardoz para reunirse con otros miembros de Bomberos sin Fronteras de todo el Estado. Los voluntarios tienen previsto llegar hoy en vuelo regular a Pandang, la capital del Oeste de la isla de Sumatra, en Indonesia, que fue castigada con un terremoto seguido de un maremoto la pasada semana. Hay casi mil fallecidos. Un avión Hércules de las Fuerzas Armadas tenía previsto descargar en su base una planta potabilizadora. Torres oyó el SOS (llamada de socorro internacional) de Indonesia por cuarta vez, ya que ayudó a los damnificados del maremoto del 2004.
El bombero tuvo que negociar con la compañía aérea para que le dejase facturar como equipaje 50 latas con raciones de supervivencia porque «allí no hay forma de alimentarnos». Se trata de raciones nutritivas especiales y concentradas, un complejo vitamínico con el que tendrá que apañarse entre 15 y 30 días. Él y sus compañeros de la oenegé actuarán cerca de la zona cero, en Pandang, a donde todavía no ha llegado ningún equipo de rescate. «Tendremos que efectuar tareas de potabilización, salvamento y rescate», dice Torres.
El bombero perderá los extras de nocturnidad durante los días que preste ayuda humanitaria en el extranjero. Incluso tuvo que retrasar su salida con el primer grupo y esperar varios días porque no encontró hasta el lunes los suficientes compañeros que le cubriesen las guardias que debe hacer en el parque de Vigo. Salvo el billete, que lo paga la oenegé, todo va de su bolsillo e incluso deja de ganar dinero. «El Concello debería hacerse cargo de la situación dramática que corre esa zona y, al menos, facilitarme los cambios de turno para poder salir antes», dijo el cooperante, que se queja de la «falta total» de apoyo del Concello.
Torres acumula numerosas anécdotas de sus episodios de ayuda humanitaria en el archipiélago asiático. Quizás su mayor decepción la tuvo con la burocracia de Banda Hache en el 2005. Logró transportar al país un contenedor cargado de ropa donada para los bomberos gallegos para sus homólogos de Indonesia que lucharon contra el drama del maremoto. Pero las autoridades portuarias de ese país le querían cobrar tasas de entrada. Recorrió multitud de despachos hasta que pudo donar el material.
La Agrupación Musical do Rosal resultó ganadora de la sección especial de la novena edición del Certame Provincial de Bandas de Música celebrado el pasado fin de semana en el Pazo da Cultura y organizado por la Diputación. En esta categoría en la que competían agrupaciones de 81 a 115 músicos, se clasificó en segundo lugar la Banda Municipal de Silleda, y tercera fue Unión Musical de Valladares. Las tres primeras se llevaron unos premios en metálico de 4.200, 2.100 y 600 euros, respectivamente, además de un cheque de 1.500 euros para la compra de instrumental para la ganadora.
En la sección primera, en la que competían bandas de 61 a 80 músicos, la primera fue la Agrupación Musical Atlántida de Matamá, que se llevó 3.500 euros y un cheque para material por importe de 1.200 euros; en segundo lugar se clasificó la Unión Musical de Meaño, con 1.800 euros de premio, y tercera fue la Banda Municipal de Valga, que se llevó 500 euros.
En la sección segunda, para bandas de 46 a 60 componentes, primera fue la Banda Xuvenil de Xinzo, que se llevó 3.000 euros y un cheque de 1.050 euros, seguida de la Xuvenil de Barro, con 1.400 euros de premio, y tercera, Agrupación Musical de Goián, que se llevó 400 euros.
Y en la sección tercera, para bandas de hasta 45 miembros, la ganadora fue la Banda da Vertula, seguida de la Agrupación Musical de A Guarda y el Ateneo Musical de Bembrive. Los premios fueron, respectivamente, de 2.500, 1.200 y 300 euros, respectivamente.
Todas las agrupaciones concursantes en cada categoría interpretaron la misma obra, más otra de libre elección.