Turismo por Vigo

VIGO

04 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Hace unos años, un admirado colega entrevistaba a Alexander Mostovoi en una terraza del Castro. Súbitamente, el genial jugador señaló un punto en el horizonte. «¿Qué es eso?», interrogó. El ruso llevaba ya tres temporadas en el Celta y mi compañero escudriñaba el horizonte, no queriendo creer en qué consistía la pregunta. «¿No te referirás a las islas Cíes?», inquirió asombrado. En efecto, el hombre de San Petersburgo acababa de descubrir, tras tres años en Vigo, que en la bocana de la ría había un pequeño archipiélago. «¡Ah, son islas!», concluyó asombrado el Zar para estupefacción del camarada.

La anécdota es, por supuesto, un extremo. Mostovoi, tal vez lo mejor que hayamos visto nunca en Balaídos, era en lo personal una especie de marciano, que pasaba por el mundo como si no fuese con él. Y, además, a veces, puede ser difícil ver las Cíes, porque son unas islas mágicas, que parecen moverse, de forma que en ocasiones resultan lejanísimas y, en otras, casi puedes tocarlas con la mano.

Pero todo esto no justifica el despiste del futbolista. Aunque, ilustra, en su versión más radical, algo que nos ocurre a todos los vigueses: Que a menudo ignoramos mucho de nuestra ciudad.

Estos días, La Voz ha iniciado una campaña para regalar estancias de fin de semana en el Casco Vello. No es porque sea de la casa, pero la iniciativa es un hallazgo. El premio incluye tomarse unos vinos, salir de compras, cenar y dormir en el barrio histórico de la ciudad. Y estoy seguro de que cada vigués ganador va a vivir una experiencia tan gratificante como si se hubiese dado un viaje a cualquier lugar del mundo.

La idea es buena, porque además el barrio histórico está cambiando. Por primera vez, parece que su rehabilitación se ha tomado en serio y que, a fuerza de expropiar y remozar edificios, va a recobrar la vida que nunca debió perder.

Claro que, para muchos vigueses, esto puede resultar extraño. Son miles los que hace años que no visitan nuestro barrio antiguo. Como también, quienes aún no han entrado en el Marco, ni han paseado el Museo del Mar, ni visitado la Fundación Liste. Muchos no conocen el Archivo Pacheco, ni el Centro Social Caixanova, ni la villa romana de Toralla ni tampoco las salinas de Rosalía de Castro.

Eso no es exclusivo de Vigo. Es sabido que la inmensa mayoría de los madrileños nunca fue al Museo del Prado. Pero estamos a tiempo de cambiar. De salir a descubrir nuestra ciudad. De que no nos lo cuenten. Un paseo por el Casco Vello, que está en pleno concurso de tapas, es un magnífico plan para este otoño. Y más barato que una escapada estresante en vuelo de bajo coste.