El principal personaje de El Perfurme , Grenouille, tenía un don: su nariz. Un prodigioso sentido del olfato que le permitía elaborar los mejores perfumes de todos los tiempos. A Carlo de Cesero le sucede lo mismo con el sentido del gusto. Unas privilegiadas papilas que van transformando los sabores en los helados más codiciados. Es el propietario de Capri, en el número 36 de la Plaza de Compostela. Un establecimiento que trabaja este producto de forma artesanal desde el año 1956. Y él sigue con esa tradición heredada de sus padres y abuelos italianos. -Hay quien define al helado como un postre congelado, ¿está de acuerdo? -Para nada. Un helado es un placer para el paladar. Algo que la gente toma para disfrutar. Además, no está congelado, está frío, que es muy distinto, sino perdería su sabor. -¿De qué temperatura habla? -Lo ideal es -14 o -16 grados centígrados. Cuando se tiene en la boca ronda los -12 grados. -¿El mito español de que los helados son para el verano? -Un grave error relacionarlos con el sol. Los que dicen que no los toman en el invierno por temor a que le duela la garganta o la barriga es una leyenda urbana. Se debe a que no hay una cultura de helados, como sucede por ejemplo en el mío, en Italia, en Argentina y en Alemania, que son los países donde más se consumen. Y los toman por el placer de hacerlo. Da lo mismo que haga frío o calor. Es más, se conservan mejor y se disfrutan más con el frío. -Entonces, este verano en Vigo es estupendo para disfrutarlos. -En el verano no se nota mucho la crisis a la hora de consumirlos. Además, desde hace algunos años, ya la gente los pide en el invierno. Antes había que cerrar las heladerías, por nos los compraban en esa época del año. -¿Su pócima mágica? -La materia prima y hacerlos con cariño. Disfruto haciéndolos, vendiéndolos y comiéndolos. -¿De qué sabores tiene? -Siempre tenemos 32, pero hay diez que voy cambiando. También voy sacando sabores nuevos. Algunos clientes me traen frutas del campo y hago helados con ellas. -¿Cuál es el que más vende? -Es el de chocolate, de cucurucho y con dos bolas. Cuesta 2.50 euros. Le siguen los de limón, vainilla y avellana. Los fines de semana algunos llevan varios litros para casa. -¿El más raro? -Uno de tomate y otro de lechuga. Y el de aceto di Módena (vinagre italiano) lo hago todos los años. Están buenísimos. Ya los hice de orujo y de licor café.