Cetáreas para pasear por el mar

VIGO

Cofradía y Concello de A Guarda habilitarán una senda de cuatro kilómetros que unirá los viveros naturales de finales del XIX

29 jul 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Sería más difícil encontrar a alguien que no supiera cuál es «la capital de la langosta» que a una persona a la que no le gustara el crustáceo al que debe su sobrenombre la localidad guardesa.

El Concello promociona desde hace diecinueve años este apreciado manjar en un popular certamen que reúne a miles de personas de toda la geografía gallega. Pero pocos saben que no hace más de 25, «en un solo día llegaron a pasar por lonja once toneladas de langosta» o que, hace casi un siglo, en A Guarda ya se envasaba langosta.

Lo recordaba ayer, Rodrigo Pacheco, secretario de la cofradía de pescadores Santa Trega que, en colaboración con el gobierno local, trabaja en un proyecto que contempla, entre sus objetivos la puesta en valor de sus cetáreas. Construcciones dentro del mar, actualmente en desuso pero que desde finales del XIX hasta bien entrado el siglo pasado fueron el particular polígono empresarial para el municipio.

Ya hay un proyecto, pendiente del visto bueno y financiación de la Xunta, redactado por Raquel Outeiral, según avanzó el patrón mayor, Francisco Pérez Rodríguez. La idea es recuperar este espacio de indudable valor histórico, patrimonial y natural, construyendo una senda de cuatro kilómetros que permita recorrer las cetáreas, en las que también se conservaban otros crustáceos como lubrigantes, centollas o nécoras. Este plan se enmarca en el proyecto «Formación de guías intérpretes na Cofradía da Guarda» que, además contempla la dinamización del sector pesquero, afirmó Raquel Outeiral.

«Trátase non só de por en valor este patrimonio material senón o inmaterial, porque testemuñan moitos anos de traballo e unha identidade propia», manifestó el patrón mayor del pósito. Francisco Pérez señaló que las cetáreas de los viveros actuales, están a 200 metros de la costa, no en el mar, como las antiguas, «nas que se podían chegar a albergar ata dous mil kilos de crustáceos».