«Levantaos y salid rápido, que está ardiendo abajo»

La Voz

VIGO

Sobre las cuatro y diez de la madrugada, el personal de emergencias del Concello de Cangas empezó a timbrar en las veinte viviendas del edificio. El humo se había colado por las escaleras y no se sabía si el fuego había traspasado el techo de la oficina. Algunos salieron en pijama o camisón. Otros se pusieron apresuradamente alguna ropa de calle y bajaron rápidamente.

Josefa Santos, del quinto, oyó a su nieta que le gritaba a ella y al hermano: «Levantaos y salid rápido, que está ardiendo abajo». La señora, de 84 años, se mareó al llegar a la calle. Su hija la animaba: «Tranquila, mamá, no pasa nada. Estamos todos aquí».

Ya abajo, hicieron recuento. Faltaba un matrimonio que nadie logró despertar. La mujer dijo posteriormente que se había acostado muy cansada.

La vecina del tercero D, María Martínez, de 78 años, salió en camisón y precisó ayuda. «Colléronme un por un brazo e outro polo outro e baixáronme, e despois, metéronme nese garaxe», explicaba. «Aos meus anos...», se lamentaba todavía sorprendida. Suso Nores, profesor del instituto María Soliño, dejó constancia del desalojo para la posteridad haciendo varias fotos con su móvil.

María Esther Soliño, del primero B, bajó en pijama, asustada, llevando en el colo, abrigado con una manta, a su hijo Andrés, de diez meses. «Cuando oí el timbre pensé que estaba soñando, pero al oír a mi madre gritar 'Baja, baja, que está ardiendo Caixanova', cogí al niño y salí corriendo» dijo. «Pensándolo ahora, fríamente, si llega a explotar o incendiarse el edificio, hubiera sido un caos», añade.

Otros, como la mujer de Suso Nores, se lo tomaron con más calma. «Creí que se había vuelto a quemar otra vez el cuadro eléctrico, pero cuando llegué abajo y le pregunté a una agente de la Guardia Civil qué había pasado, caí de la burra: 'ostras, un atentado'», dijo.

«Foi moito, moito susto. Si non me levan, caio», indicó Josefa Santos.