O Santo dos Croquis

VIGO

Vigo tendrá un gran protagonismo en la programación del Xacobeo del 2010. Al menos, eso sería lo previsible. De una parte, porque Amigos de los Pazos ha acumulado en los últimos años nuevas pruebas de que por estos andurriales discurrían varios caminos a Compostela. Y, de otra, porque aquí tenemos al Santo dos Croquis.

Cierto que, hasta ahora, era Santiago la ciudad que podía presumir de esta legendaria figura, ligada a la imagen del Mestre Mateo que aparece en el parteluz del Pórtico de la Gloria. Pero esta escultura se denomina «dos croques», por los tres coscorrones que los peregrinos se daban contra ella al visitar la catedral. Por efecto de los párvulos tiempos que vivimos, la tradición está hoy prohibida y la imagen, vallada para evitar su deterioro. La discutible decisión se ha cargado de un plumazo una hermosa costumbre, sin apenas generar protestas. No queremos imaginar que el «Concello» de Jerusalén, por ejemplo, vallase el Muro de las Lamentaciones y prohibiese introducir papeles entre sus sillares, para evitar el deterioro del último resto del templo construido por Herodes el Grande, hace dos mil años.

Pero no entremos en estas polémicas, porque de lo que se trata aquí es de defender al Santo dos Croquis, que no «dos Croques», y cuya identidad no puede ser otra que la de nuestro amado alcalde. Ante maquetas, planos, diapositivas y montajes audiovisuales, Abel Caballero lleva cuatro años apareciendo en una foto, siempre la misma, en la que señala con el dedo algún detalle de un formidable proyecto. Comenzó con el Plan Nouvel, cuando presidía la Autoridad Portuaria. Y, hace dos semanas, nos entregó el último episodio de la saga ante el Plan Moneo para la casa consistorial y la praza do Rei. Entremedias, son incontables sus apariciones ante toda suerte de diseños, sean para la ciudad del mar, el nuevo hospital o la futura plaza de la estación, que según sus palabras será «más grande que la de San Marcos, en Venecia».

El «Santo dos Croquis» se nos aparece, un mes tras otro, ante fastuosos diseños y atractivos planos, en su mayor parte de trazo tirando a grueso. Por ahora, ninguno de estos proyectos tiene visos de convertirse en realidad, ni siquiera a medio plazo. Y alguien debería advertir a Caballero de que, tal vez, en lugar de generar ilusión, esta política genere desencanto.

Nada sería mejor para Vigo que los proyectos del alcalde se llevasen a efecto. Pero comienza a ser dudoso. Y, además, caro, porque los grandes arquitectos cobran, y no poco. En cualquier caso, y mientras tanto, al menos tenemos otro argumento para que, por una vez en la historia, el Xacobeo nos tenga en cuenta en sus inversiones. Que se sepa que tenemos en plantilla al «Santo dos Croquis».