Los alumnos que han estrenado el módulo prefabricado del CEIP de Pazos de Reis aseguran que están encantados pero los 113 restantes siguen en clases de 30 metros
07 jun 2009 . Actualizado a las 02:00 h.«Aquí no tenemos calor», «ahora podemos movernos por la clase» o, «hay mucha luz». Son algunas de las contestaciones dadas por alumnos de Primaria del colegio público de Pazos de Reis. No es que se hayan ido de excursión a algún sitio paradisíaco sino que, desde hace un par de meses, se han trasladado a un aula prefabricada, «la mejor del colegio». Valoraciones que no necesitan mucha más explicación.
Dos de los recursos más manidos para justificar decisiones o problemas en Educación son la sobremasificación de aulas o todo lo contrario. Decenas de colegios, especialmente del rural, se han cerrado a lo largo y ancho de la geografía gallega alegando bajas matrículas.
En Pazos de Reis, sin embargo, se da una situación cuando menos paradójica, si no fuera por la seriedad del asunto, en todo este panorama. Sí que conviven desde hace años (tantos como entre las administraciones se negocia la construcción de un nuevo centro), con la famosa sobremasificación. Pero no porque tengan una ratio mayor en sus clases que la que estipula Educación, sino porque las aulas miden la mitad de lo que la misma ley establece. De media, no superan lo de aquellos controvertidos minipisos anunciados en su día por Vivienda. Y eso que aquellos 30 cuadrados se pensaban para un solo inquilino. Aquí conviven durante buena parte del día entre 20 y 25 por aula.
La situación llegó a tal extremo que, en enero, Educación se comprometió a montar dos aulas prefabricadas. No es ninguna solución al problema pero, «polo menos é un alivio», explica su director, Silvestre González.
Al principio hubo ciertas reticencias pero se callaron con el estreno. A día de hoy, los 22 alumnos de cuarto curso de Primaria que ocupan la clase se sienten unos privilegiados. Y no es de extrañar. El módulo ya ha sido bautizado con distintos nombres. Desde chalé a casiña o alpendre. Pero, en cualquier caso, la valoración es unánime. «Estamos moitísimo mellor, é unha mellora impresionante, hai máis espacio, antes os rapaces estaban pegados en fila, agora se poden mover e están climatizadas», señala su tutor, Manolo Giménez.
No hubo celos, asegura la dirección porque el criterio usado para adjudicar el aula fue objetivo; la clase con más alumnos. Pero todos tienen claro, donde está el mejor baño y quienes son los «privilegiados». A su lado, otro módulo más pequeño que supone el primer despacho del centro. Ahora ya pueden atender a los padres fuera del hall y, la clase que quedó vacía la han rentabilizado al máximo. En la medida de sus posibilidades eso sí, porque la biblioteca y aula de usos múltiples de un colegio con 140 alumnos, mide 35 metros cuadrados.
Son los niños más interesados en que se apruebe un PXOM, que dará luz verde a la construcción de un nuevo colegio y que se negocia casi desde que los que ahora estrenan aula comenzaron sus estudios.