El primero de los grandes retos que tiene la nueva presidenta del Puerto de Vigo, la primera mujer en más de una década y la segunda en toda la historia de la institución, es enderezar los malos resultados del puerto vigués en el primer cuatrimestre del año. Ha descendido la actividad en general un 31% frente al año anterior, con unas 404.000 toneladas menos, según el ente Puertos del Estado, con más de cien buques mercantes menos, y con descensos de hasta el 42% en algunos tráficos concretos, lo que ha situado a la terminal, en síntesis, en la cuarta peor posición de la red portuaria española, formada por 28 Autoridades Portuarias.
Ahora bien, ¿cómo pretende hacerlo? ¿Invirtiendo primero en infraestructuras para remontar el vuelo a medio plazo o esperando a que el puerto se enderece y, a partir de ahí, invertir para aprovechar el tirón? Todo esto en un plazo de dos años o de cuatro. Sea como fuere, ¿de dónde sacará los fondos económicos para esta ingente obra? No menos de 175 millones de euros se precisan en este momento para solventar todos los proyectos existentes sobre la mesa.
Si se trata de turnos en las presidencias, el de Corina Porro sería, precisamente, el de buscar el dinero, la financiación de las obras, y el diseño final de los proyectos, con alguna caricia arquitectónica en algún caso, o con un tijeretazo que borre de forma definitiva una mole de miles de toneladas de peso y de 116 metros de altura de las mesas de dibujo que la alumbraron ya hace más de dos años.
Por conexión con esto, la autopista del mar será, probablemente, el primero de los proyectos de peso que heredará la ex alcaldesa. Aunque ni siquiera es de Paz, ni de Caballero, sino de Julio Pedrosa, allá por principios del 2003.