A media tarde se produjeron largas retenciones en Urzaiz y también en Venezuela, Ecuador y Gran Vía
15 may 2009 . Actualizado a las 16:10 h.El dia D no fue una catástrofe, pero hubo momentos en que lo pareció. El cierre al tráfico privado de cinco calles claves para la circulación (parte de García Barbón, Policarpo Sanz, Porta do Sol, Elduayen y paseo de Alfonso) provocó la huída en masa de los conductores hacia las escasas alternativas existentes.
Pese a ello la existencia de un carril único en el funil de Elduayen tuvo consecuencias incluso para los vehículos autorizados a circular por allí, esto es, para el transporte público. Al margen, la mayor densidad de tráfico en las dos alternativas, Gran Vía y Beiramar, se notó muy claramente en las retenciones que se produjeron.
Ajeno a estos inconvenientes, el Concello vigués aseguró que el cierre sin precedentes de estas calles había discurrido sin incidentes de mención. Una fuente municipal explicaba por la tarde que la señalización había sido colocada en su totalidad y que el tráfico «funciona razonablemente bien y no existen problemas para el acceso a los párkings públicos y de los residentes».
La realidad
Este optimismo contrasta con la realidad que este periódico pudo contrastar de manera directa. A modo de ejemplo, el colapso que se produjo en torno a las 14:30 horas en Policarpo Sanz y el resto del eje donde se vetó la circulación privada. A esa hora prácticamente no había agentes en la zona y la cadena de autobuses de Vitrasa ocupaba toda su extensión. A ellos se sumaron algunos taxis y también autocares del transporte escolar, cuyos conductores difícilmente ocultaban su impaciencia.
A media tarde también existe constancia de un gran colapso en la zona de Urzaiz, Gran Vía, Venezuela y Ecuador, donde hubo automovilistas que se quejaban de que el parón era casi completo. «Llevo media hora para avanzar escamente 300 metros; es una situación insufrible», explicó uno de ellos telefónicamente a este periódico.
También hubo conductores que denunciaron problemas para acceder a sus viviendas en la zona afectada. Uno de ellos, vecino del Casco Vello, se quejó de que la policía local le impidió llegar hasta el barrio histórico. De nada valieron sus explicaciones de que era residente, por lo que tuvo que desistir ante la amenaza del agente de denunciarle. Con toda seguridad el policía quiso evitar la entrada de turismos ante la cola de autobuses que ocupaba el vial.
Falta de concreción
Como es habitual en este tipo de obras, el Concello no tiene otra opción que permitir el acceso de los residentes pese a la existencia de obras. En este caso los policías tienen instrucciones de dejarlos pasar solo con declarar su residencia en la zona. Lo mismo ocurre con aquellos automovilistas que quieren acceder a alguno de los aparcamientos públicos de la zona. De otra forma el Concello tendría que hacer frente a una reclamación por los perjuicios derivados de la falta de actividad.
De hecho, los comerciantes de la zona de Povisa han realizado una reclamación formal para que se les exima del pago de tasas e impuestos debido a las pérdidas que la ejecución de las obras les está ocasionando.
La situación es también muy complicada en el Casco Vello, donde se han levantado numerosas calles, lo que, además de a la actividad comercial, afecta a los vecinos. Ante el aluvión de críticas, el teniente de alcalde Santiago Domínguez, responsable de la actuación, tiene previsto visitar hoy el barrio histórico para comprobar la situación de primera mano.