Cuerpo gelatinoso y resbaladizo, ausencia de escamas y boca en forma de ventosa para fijarse a sus presas, a las que chupa la sangre de la que se alimenta. Son las características principales de un pez que aunque tiene cierto parecido con la anguila, es un pariente muy, muy lejano de ésta, y que cuenta con fiesta propia desde hace 49 años.
Nace en los ríos, donde permanece varios años en estado larvario. Desciende luego hasta el mar para regresar a sus orígenes una vez alcanzada la madurez sexual para desovar. El esfuerzo que realiza para remontar el río hace que por el camino vaya perdiendo grasa, lo que propicia que su carne gane en calidad. Un buen ejemplar puede pesar entre 1.000 y 1.300 gramos.
Los romanos ya conocían esta especie, a la que consideraban una exquisitez. Aunque la preparación más conocida es a la bordalesa con arroz, también se toma ahumada, rellena, en empanada... Con el fin de poder consumirla durante todo el año también se la somete a un proceso de secado.