Lassad ilumina un tostón

Rubén Ventureira

VIGO

El Valladolid ofreció el fútbol combinativo que le faltó a los de Lotina, pero demostró por qué lleva 10 horas sin marcar

04 may 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Paradójico partido: el Dépor aceleró hacia Europa con el freno de mano puesto. Marcó muy pronto gracias a una genialidad de Bodipo culminada por Lassad, y esperó, muy atrás y dejando hacer al rival. Más que esperar, contempló, pues desdeñó la presión como arma defensiva. Fue un Dépor práctico, lo que traducido del lenguaje futbolístico al cristiano quiere decir que jugó mal y venció. Pero, a estas alturas, lo bonito es ganar, aunque al público le crezcan las legañas. Así lo entendió Riazor, y de ahí que despidiese a sus jugadores con una standing ovation mientras estos saludaban desde el círculo central como si hubiesen remontado al mismísimo Milan.

No estaba Kaká al mando de los otros, no, sino Canobbio. Al triunfo deportivista colaboró la miopía de un Valladolid que dejó claro porque acumula 610 minutos sin ver puerta, su récord histórico: porque para hacer gol es imprescindible disparar entre los tres palos, como recordó Mendilibar a los suyos desde el banquillo, dibujando con sus manos una imaginaria portería. Las pocas veces que la embocaron respondió Aranzubia, felino como buen león que es.

Nada hacía prever en el arranque lo que ocurrió después. El Dépor estuvo combinativo en los primeros veinte minutos. Lotina alineó a dos delanteros (Lassad y Bodipo) y enseguida se advirtió la principal ventaja de los dúos atacantes. Filipe centró desde la izquierda y la pelota cayó a la espalda de Bodipo. Cuando jugaba solo arriba, el sevillano habría intentado pararla, y seguramente la acción habría derivado en un despeje de la defensa. Pero como había otro punta cerca finalizó en gol. Bodipo, consciente de la presencia de un compañero, ideó un taconazo hacia Lassad, que remató con fiereza a la red.

Sin centrifugado

Corría el minuto 7 y los de Lotina ya tenían ventaja. Buscaron el segundo por la vía del fútbol hasta el minuto 20, pero de ahí en adelante optaron por el fútbol directo, sin centrifugado en el mediocampo. Aranzubia y Zé se convirtieron en los principales armadores. Ese fútbol simplón, de pateadores, desactivó a los extremos, Pablo Álvarez y Guardado, a los que no les quedó otro remedio que estar pendientes de las segundas jugadas.

Con Juan Rodríguez ejerciendo de tercer central, el Dépor al menos sujetó bien al Valladolid. Como a los pucelanos les costaba llegar al área, optaban por el disparo distante y destensado, en el que reincidieron. Canobbio ideó otra vía y lanzó un balón a la espalda de la defensa al que llegó Ogbeche, que se plantó ante un Aranzubia que replicó con una inteligente parada de balonmano (min 34). En el ocaso de la primera mitad, Lassad le quiso devolver el favor a Bodipo, y centró para que cabecease el sevillano: la respuesta de Asenjo fue espectacular.

A los 50 minutos, después de Aranzubia volase para evitar un gol de Ogbeche, Lotina entendió que había que defenderse con la pelota. Por ello retiró a Bodipo y colocó a Verdú. Es cierto que la presencia del 10 animó a sus compañeros a rasear algo más el balón, pero también que el catalán jugó a lo que una novelista americana denomina «la velocidad de los jardines».

Tendido en el área

Mientras el Dépor se bronceaba al sol, con la toalla tendida demasiado cerca de su área, el Valladolid practicó la inmersión total: atacó con casi todo en busca del empate. Cocinó bien las jugadas, pero al llegar al área se le pasó el arroz. En el Dépor fue Lassad el único que cogió la sartén por el mango: como no le llegaban balones, se creó sus propias ocasiones, dos eslalon que casi acaban en gol. Pero el que más cerca estuvo de cantarlo fue Oldoni, el Taborda al que recurrió Mendilibar. Solo en el área, el pívot cabeceó (min 90) por arriba del larguero.