Las tradiciones viguesas no terminan en la procesión del Cristo, la romería de San Roque y los fuegos de Bouzas. Tiene nuestra ciudad otras citas emblemáticas, que se han hecho un hueco en nuestro acervo común. Dos de las más importantes son las manifestaciones del Metal y las ya típicas huelgas de la basura. Ambas están pidiendo su declaración de Interés Nacional, aunque bien pudiesen presentarse a Patrimonio de la Humanidad.
Las manifestaciones del Metal, que se celebran normalmente cada dos años, son como la «mascletá», pero en bruto. Los cofrades, ataviados con sus típicos monos azules, van cortando el tráfico en procesión, al tiempo que tiran petardos de varios kilotones. En el entorno de la marcha, los tradicionales encapuchados van quemando contenedores, salpicando la ciudad de ardientes hogueras, o «cacharelas», que terminan derritiendo el asfalto.
Durante los actos, los cofrades van coreando lemas ya por todos conocidos, entre los que destacan «Se isto non se apaña: caña, caña, caña!» y «Se isto non se arregla: leña, leña, leña!». Ante estos cánticos, Vigo «escoita», y sabe de esta forma que o Metal «está de loita».
Este año, puede que toquen movilizaciones del metal. Como el Ramadán o la Pascua cristiana, hay una complicada fórmula para determinar cuándo se celebran, aunque podemos cifrarlas en una media de cada dos o tres años. Por lo general, no faltan motivos para la queja en este colectivo, aunque tal vez se les vaya la mano en estos «festejos». Por otra parte, se sospecha que, a veces, se convocan más por tradición que por motivación, como una forma de retroalimentar la hoguera sindical.
A la espera de saber si 2009 será Año Santo del Metal, nos satisface comprobar que otra costumbre viguesa sigue viva: la huelga de la basura. Esta tradición, por ser más espaciada, sorprende siempre a los ciudadanos. Se da, aproximadamente, una vez por cada mandato municipal, aunque sobre esto hay opiniones. Los cofrades de esta tradición viguesa comienzan por no recoger los desperdicios durante unos dos días, aproximadamente. Cuando el olor es insoportable, salen a la calle y, haciendo sonar sonoros silbatos, tiran todos los contenedores, esparciendo los detritus por doquier.
En los años de más fervor, llenan los colegios o el ayuntamiento de basura, o bien optan por asaltar el edificio de la Xunta y hacer volar los expedientes en grácil catarata por las ventanas. Entre estos papeles, van solicitudes de pensiones y subsidios, cuyo extravío resulta más espectacular para la fiesta.
Convocada ya, pues, para este año, la tradicional huelga de la basura, y a la espera de la del metal, Vigo renueva sus tradiciones. Ya sabemos a quién tenemos que pedir que intervenga: sin duda, todo esto es responsabilidad de la Unesco.