Al arquitecto Rafael Moneo «no le encaja» la biblioteca estatal en la plaza del Rei. Así se lo ha comunicado al alcalde Caballero, quien ya se apresta a buscar nuevos emplazamientos para una obra que tiene consignados 7,4 millones de euros del Ministerio de Cultura.
Como en Vigo nos sobra el dinero, y las infraestructuras, vienen los arquitectos y se las cargan. «Yo, la verdad, es que la biblioteca no la veo», ha podido decir Moneo. Y, cuando un artista no ve algo, malo. Una frase así, a escala de fontanería, es como si te viene el albañil, se saca de la boca el mondadientes y, señalando al suelo, suelta la sentencia temible: «Aquí va a haber que picar».
Si hay que picar, ya te puedes encomendar al Santísimo Cristo de la Victoria. O ir pidiendo para tu casa la declaración de zona catastrófica. Meses te esperan de suplicio en obras interminables. Y hay gente a la que comenzaron picándole una cañería y le dejaron el piso lóbrego. «¿Y mi piso?», preguntan al fontanero. «¡Buf!», contesta el hombre señalando con el palillo, «Todo podre: Hubo que picar».
Con los arquitectos pasa algo parecido. Que, si no lo ven, malo. Y Moneo no ve una biblioteca pública en la plaza del Rei. A fin de cuentas, es un edificio que se llenaría de gente, probablemente estudiantes, y daría tanta vida a la plaza que tal vez desmerecería la magnificencia de su diseño.
Es sabido que lo que pasa en Vigo no pasa en ningún lado. Y esto es como si, en la plaza del Hermitage de San Petersburgo, dijese el arquitecto: «Yo es que el Palacio de Invierno, no lo veo». En la Acrópolis, Pericles podría cargarse el Erekteión, «porque a mí, las Cariátides, como que no». Y no digamos lo molesta que resulta la columna de Nelson en Trafalgar Square o el Palazzo Vechio en la florentina piazza della Signoría.
No hay duda de que Rafael Moneo hará en Vigo algo hermoso. Y su aportación es una buena iniciativa del alcalde y un honor para esta ciudad. ¿Pero que no ve una biblioteca pública en la que pretende que se convierta en la plaza central de Vigo? Francamente, o vamos de sobrados, o aquí falla algo. Sobre todo, cuando hay dinero encima de la mesa para iniciar las obras. Me perdonarán la duda, pero a mí se me ocurre que esto es como si te haces un chalé y, al arquitecto, el tejado no le encaja. «Usted verá, pero bonito de verdad le quedaría al descubierto». Esto es como si te construyes una casa y el artista te la hace sin cuartos de baño. «Yo, en el conjunto del edificio, no los veo», te diría.Y, por respeto al artista, allí te vas todos los días con un rollo de papel al monte Alba. «¿Y usted? ¿Que no tiene casa?», te preguntan. Y tú: «No, hombre, no; si casa tengo: pero es que se la encargué a un arquitecto».