Llega a Vigo el paraíso de los chocolateadictos

Soledad Antón soledad.anton@lavoz.es

VIGO

El famoso maestro chocolatero es el inventor de la exitosa fórmula del Chocolat Factory. La aprobación de los miles de clientes que cada día compran en su creciente red de tiendas, avalan su trabajo. Vigo acaba de pasar a engrosar dicha red, lo que implica que los chocolateadictos están (estamos) de enhorabuena.

Basta traspasar sus puertas para descubrir que no hay antojo chocolatero que allí no se cumpla. Y con creces. Es Rosa Márquez la que ejerce de Cicerone en nuestro paseo por la tienda. No es que se necesite guía por su tamaño, sino por la gran cantidad de paradas obligatorias que hay que hacer en cada esquina. Que si aquí tenemos los bloques con diferentes porcentajes de cacao, que si allí las gotas con sabor a naranja, fresa, limón...

La vista se escapa luego a unos tarros listos para preparar fondue, luego son unas placas espolvoreadas de no sé qué las que llaman mi atención. «Esta es de chocolate con pimentón y esta otra con sal maldon», me aclara Rosa, que también me explica que eso que yo llamo bolitas son cracanias, esto es, almendra espolvoreada en haba de cacao.

Las mermeladas merecen otra parada. Sí, mermelada de chocolate. La hay con pinceladas de pera, naranja, castaña o menta, a gusto del cliente. Cuando una cree que ya lo ha visto todo, descubre que aún le quedan los productos especiales, pensados sin duda para regalar y regalarse. Por ejemplo las macetas de chocolate con sus piruletas, también de distintos tipos de chocolate, a modo de flor. O, por ejemplo la máquina de virutas, o las trufas, o el tambor de rocas de chocolate negro de Madagascar...

Mientras realizamos el tour, Rosa va desgranando la filosofía y los métodos de trabajo de la firma. Me explica que todos sus productos se fabrican en el obrador de San Cugat, el corazón de la casa. Que las coberturas son belgas -«nos las proporciona Callebaut, el mejor productor de cacao», dice-; que las avellanas son de Piamonte; las nueces, de California; las natas y mantequillas, de Francia...

Lo que no hace falta que me cuente, porque resulta obvio, es la importancia que Michel Laline le da al diseño. En cada producto, en cada caja, en cada detalle, se nota su formación en el campo de la arquitectura. De hecho, afirma Rosa, una de las cosas que más llama la atención de los clientes la presentación. Lo que no me dice es qué producto se vende más. Y no porque no quiera, sino porque cada uno tiene sus adeptos. Encima, el precio tampoco es problema, porque la horquilla va desde los 1,70 euros que cuesta una piruleta, hasta los 110 del maxi tambor de rocas de Madagascar. Lo dicho, el paraíso soñado por los chocolateadictos.

Los primeros en participar en dichas jornadas, en el mercado del Progreso, han sido los alumnos del colegio Saladino Cortizo. Acompañados de un nutricionista, los chavales recorrieron las instalaciones del mercado para aprender a distinguir los diferentes tipos de pescados, frutas, legumbres y verduras. A continuación diseñaron un menú que más tarde prepararon ellos mismos, en este caso supervisados por un cocinero especializado en alimentación infantil. Lo mejor fue la degustación. Insignia de oro para Alfonso Guerra. Se la ha concedido el colegio de Ingenieros Técnicos de Vigo, con motivo del 50 aniversario de su fundación. El presidente de la Comisión Constitucional del Congreso recibirá esta tarde la distinción (19 horas, Centro Social Caixanova) en el transcurso de un acto en el que también será distinguido Enrique Ballester, director de la Escuela de Ingeniería del Diseño de la Universidad Politécnica de Valencia. En el capítulo de empresas, el premio será para Citroën.