El partido de ayer lo tenía todo para ser un espectáculo de goles y al final no hubo ninguno. Son las paradojas del fútbol. Dos equipos que venían marcando muchos goles y en punta frente a frente el máximo goleador céltico de la pasada campaña, Jesús Perera, y su sucesor que llegaba en una magnífica racha, Dinei. Ninguno mojó. Les faltó la pólvora.
El brasileño estuvo mucho más participativo que el extremeño, más que por iniciativa propia por el planteamiento de sus respectivos equipo. El Celta tuvo más la pelota, jugó más en campo rival y buscó alternativas para llegar al área. Dinei fue uno más con su colaboración en la creación del juego, e incluso tuvo alguna ocasión.
El Rayo Vallecano no tuvo el balón, no salió al contragolpe, Perera fue una isla entre los centrales celestes, y por tanto su aportación fue escasa. Su único remate fue un cabeceo que se marchó desviado en el primer tiempo.
De todas formas la aportación de un delantero no siempre se mide en los goles que marca, aunque esa sea sin duda su principal misión. También les corresponde abrir huecos, jugar de espaldas a la portería sobre todo cuando son el único punta, como era el caso ayer, colaborar en la creación, presionar y otras labores variadas.
Perera es muy completo y lo demostró cuando defendía la zamarra celeste, pero ha encontrado un digno heredero. Dinei estuvo ayer muy activo. Es un referencia importante cuando el recurso es mandar balones largos desde la defensa. Llegó a casi todos los balones aéreos que peleó con los defensas, consiguiendo desviarlos hacia Ghilas o Trashorras en la maniobra de aproximación hacia el área rival. Robó cuatro balones, lo que muestra su carácter combativo. Y además sus tres remates fueron entre los tres palos pero se encontraron en su camino a Cobeño: Un derechazo desde la frontal en el primer tiempo, un cabezazo en un saque de esquina, y un disparo algo escorado en el área.
Jesús Perera fue una isla en el ataque del Rayo. Tenía la misión de esperar arriba los balones largos o los contragolpes, pro los madrileños no supieron gestionarlos y no le llegó ningún buen balón en el que le pudiese ganar la partido a Rubén, su marcador casi todo el encuentro. Había muchos metros entre él y sus compañeros.
Robó un par de balones y le hicieron tres faltas. Cuando bajaba a recibir buscaba las soluciones fáciles en el pase corto.
El ex céltico fue sustituido cuando falta algo menos de media hora para el final. No fue su día. Perera creía que iba a ser tratado por la que fue su afición en Balaídos con división de opiniones. Y las hubo, pero dominaron de forma abrumadora los aplausos cuando se retiró. Solo los Celtarras le criticaron.