El enigma de la avenida de Beatriz

VIGO

La apertura de la calle de Camelias, en octubre de 1963, dejó una hermosa historia de amor escondida en una sociedad volcada en el desarrollo de la ciudad

29 oct 2008 . Actualizado a las 13:42 h.

Le habían dado el provisional nombre de avenida de Circunvalación, aunque todavía estaba cerrada al tráfico. Nadie sabe cuándo comenzó la historia pero sí que, en octubre de 1963, los habitantes de la actual calle Camelias la conocían como la avenida de Beatriz. Tan enigmático título le fue concedido por una mano anónima a través de unas pintadas realizadas en varios muros de la nueva vía.

La denominación caló de tal manera que la correspondencia llegaba a su destino atendiendo a esa dirección. El periodista Segundo Mariño recogía hace 45 años, en El Pueblo Gallego , las versiones del origen de aquel enigmático titulo. Una, aludía a un amor platónico y, la otra, a un amor perdido. En cualquier caso, aquella avenida de la Circunvalación inicial fue transformada posteriormente en las Camelias que hoy todos conocemos aunque el enigma siga vivo entre los más antiguos del lugar.

Es una historia hermosa de aquel Vigo que se preparaba para elegir a los concejales que acompañarían en la corporación al alcalde José Ramón Fontán. No, no había llegado todavía el sufragio universal que caracteriza a la democracia. El régimen franquista organizaba una votación en la que votaban los tres pilares de la sociedad vertical: la familia, el sindicato y el municipio. A mediados de octubre aparecían los candidatos al tercio de familia, que votarían los hombres cabeza de familia. Las elecciones se desarrollaron el 3 de noviembre y los concejales elegidos por el tercio de familia fueron Carlos Espinosa (jefe de Tráfico del Cable Inglés), Darío Vila (a la sazón, presidente de la Entidad Menor de Bembrive), Manuel Fernández Casqueiro (abogado) y el industrial Antonio Alonso.

Era cargos por seis años, pero carentes de la tensión de hoy en día. Y es que la información municipal que se facilitaba a los ciudadanos era escasa. Más bien, nula. Por ejemplo, la Comisión Municipal Permanente aprobaba aquel octubre una relación de cuentas, o concedía varias licencias de construcción, pero sin aportar ni un solo dato de lo que se estaba aprobando.

Pero si la política no daba para mucho en aquel Vigo en plena expansión urbanística, la cartelera cinematográfica tampoco dejaba hueco para el cine independiente. El Cinema Radio (para muchos, el Cine Marradio) ofrecía Noches de Casablanca , con Sarita Montiel, mientras que, a escasos metros, el Niza nos cobraba la posibilidad de visionar Dos pasiones y un amor , en este caso protagonizada por Sara Montiel. Aunque siempre quedaba la radio, donde triunfaba el Dúo Dinámico con la canción Amor de verano . En pleno mes de octubre.

Se busca chico de 14 años

Claro que había más cines que radios, y de sesión continua para regusto de los jubilados y estudiantes poco aplicados. Tantos cines como academias. Las había de taquigrafía, de mecanografía, de preparación para trabajar en la banca o también para afrontar las temibles reválidas estudiantiles. Algunas siguen existiendo hoy en día, aunque ya afrontan otros tipos de enseñanza.

Y es que entonces había trabajo en Vigo, tanto que se podían ver anuncios en la prensa que hoy en día serían delito: «Se necesita chico de 14 años para recados». Aunque también había demandantes de trabajo, como aquel perito mecánico que se permitía el lujo de reclamar un puesto en una «importante empresa». Claro que entonces había en la ciudad 6.900 empresas.

Eran otros tiempos. Tan distintos que la gente solicitaba ayuda pública para encontrar una sortija perdida en el «tocador» de una cafetería. Quizá la misma donde Evaristo preparaba un coctail, un elemento exótico que evocaba aquellas películas norteamericanas donde de nada faltaba, y donde las parejas se daban besos en público.