La Feria del libro antiguo y de ocasión, en su XVII edición, ofrece publicaciones que permiten a los lectores reencontrarse con el pasado
27 jul 2008 . Actualizado a las 02:00 h.El rostro de un visitante puede cambiar totalmente. Sus ojos brillan de otra manera. De repente, un hombre de 50 años puede transformarse en un niño de 15. ¿Cómo? Un libro con el que hacía sus cuentas en el colegio, el tebeo que leía en sus ratos libres o un par de cromos que le faltaron para completar su álbum favorito son suficientes para que comience a abrirse el baúl.
Las 14 casetas que dan vida a la plaza de Compostela están repletas de obras clásicas, alguna antigüedad asequible solo para algunos bolsillos y también saldos en los que se puede encontrar alguna novela por tres euros.
Las reliquias son variadas y de distintos precios. Libros del siglo XVII que pueden costar miles de euros, un mapa de Galicia del siglo XVI o un libro de xilógrafos gallegos y argentinos por 2.500 euros.
Normalmente, la tendencia de los visitantes que se acercan a la Alameda es la de buscar su propio pasado. «A la gente le hace mucha gracia todo lo que tiene que ver con el sentimiento, yo no vendo mucho porque son libros muy antiguos, pero si cae un bibliófilo, me compra a mi», cuenta Felipe Martínez, que hace años que viene desde León, con la librería El camino de Santiago.
Álbumes de cromos de los años 60, de Pinocho, Marcelino pan y vino o de Marisol. El precio que va en ellos impreso es el de cuatro pesetas. Pero los años han pasado y ahora te lo llevas a casa por 49 euros. Las aventuras de la adolescente pecosa Esther (que regresó años después, adaptándose a la vida actual: divorciada y con una hija) se puede encontrar por seis euros. Anteayer fue la inauguración de la feria y los primeros días están siendo bastante buenos, según afirman los dueños de las librerías. Aún así, creen que las nuevas tecnologías les están quitando clientela. «Hay un problema grave de hábito de lectura. El descenso se debe a los videojuegos e Internet», afirma uno de ellos.
Los visitantes se van satisfechos. «Me parece muy interesante. Compré seis libros, alguno antiguo y otro más reciente, pero todos asequibles», comenta José Carlos Velázquez.
La feria se mantendrá hasta el diez de agosto, así que los coleccionistas, o todo el que esté dispuesto a abrir su propio baúl para reencontrarse con su niñez, ya sabe dónde puede hacerlo.
Quien quiera, puede volver a ser, por un día, el Capitán trueno.