Vigo se va mereciendo una medalla colectiva al mérito en el trabajo. Y no sólo por lo mucho que laboramos, al punto de producir casi la mitad del PIB regional. Lo digo porque, además, somos la ciudad que menos descansa de Galicia. En esto, francamente, parecemos tontos.
Ayer celebramos el primer día festivo del verano, un 25 de julio que cayó en viernes y que no disfrutarán aquellos que se van de vacaciones en este mes. El próximo día feriado será el 15 de agosto, que tampoco computará a quienes tomen su mes de descanso en esas fechas. Esto, por desgracia, es así en todo el Estado. Ahora bien, lo que resulta absurdo es situar un día de fiesta local el 16 de agosto, lo que tiene por consecuencia que lo pierde la mayoría de los trabajadores, empezando por los empleados de Citroën.
Este año, para colmo de males, el 16 de agosto cae en sábado, con lo que tiramos un día de descanso anual con todas las consecuencias. Cuando, el pasado mes de diciembre, el alcalde intentó cambiar este día por otro, como fiesta local, se le puso en contra el resto del pleno municipal. La razón no era otra que el enorme fervor que despierta San Roque en nuestra ciudad. O, al menos, esto se dijo en el salón de sesiones, aunque tengamos razones para pensar que todo se trató de la necesidad de «chinchar» con algo.
Yo sospecho que ni tan venerable santo ni su menos afamado can iban a molestarse porque el 16 de agosto dejase de ser festivo. San Blas, por ejemplo, tiene tantos o más adeptos, sin que le caiga nunca un día festivo con que adornar sus multitudinarias celebraciones. Este año hubiera sido una estupenda ocasión para repartir un poco el juego y, de paso, dejar de perder una fiesta local en pleno agosto.
Incluso se podría abandonar un poco el santoral y dejar una fiesta para el miércoles de ceniza, al objeto de engrandecer el Entroido. O, también, crear una nueva fiesta, de carácter civil, que conmemorase la concesión a Vigo del título de ciudad, suceso que aconteció en 1810. Porque mientras los obispos se rasgan las vestiduras por el supuesto «laicismo» que padece nuestra honorable sociedad, lo cierto es que el 90 por ciento de nuestras fiestas están marcadas por el calendario católico.
Pero, nada. Por mucho que los diez mandamientos judíos (apropiados luego por los cristianos) propusiesen santificar las fiestas, aquí estamos los de Vigo para no hacerlo. Lo nuestro es perder días libres en verano. Está visto que somos unos obsesos del trabajo.