Los de la banda volverán a Vigo en el 2009

Soledad Antón soledad.anton@lavoz.es

VIGO

22 jul 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

The Band of the Welsh Gards (para entendernos la banda de la guardia de Isabel II) volverá a desfilar por Vigo el próximo verano a los sones de las marchas habituales de su repertorio.

Será a propósito de la World Fishing Exhibition que, aunque no sea más que por las veces que se ha celebrado en la ciudad, ya es casi tan viguesa como londinense. De hecho, el contrato más suculento y con más ceros (comparativamente) de toda la historia del certamen se firmó en Bouzas. Aquel día fue cuando los organizadores londinenses cayeron de verdad del guindo y se dieron cuenta de que, en materia pesquera, Vigo está en lo alto del podio.

Pero hoy de lo que quería hablar era de la banda de la guardia de Su Majestad. Seguro que sus integrantes vuelven a sorprendernos con piezas como el Para Vigo me voy o el pasodoble Ponteareas, que con acento tan inglés interpretaron en su última visita. Fue en 1985, bajo la batuta del Mayor Derek Taylor, cuando actuaron por vez primera en Vigo. También fue entonces cuando descubrimos que bajo ese imposible tocado y ese aire marcial se esconden unos militares-músicos a los que les va la marcha.

Por cierto lo del gorro estilo rascacielos viene de cuando la guerra se hacía a pie de obra, y no por ordenador como ahora. Fue una argucia de los estrategas para acongojar al enemigo y hacerle creer que se enfrentaba a gigantes. Flema inglesa.

La Orden de Santiago incorporó el pasado fin de semana a su nómina de Caballeros y Damas a 43 nuevos integrantes, entre los que se encontraba Carlos Mantilla. Como mandan las normas, el ex senador y único vigués de esta última hornada, se comprometió ante el gran mestre Miguel Pampín a defender y a promocionar el Camino de Santiago como si en ello le fuera la vida.

De hecho, aunque no es un consumado andarín, ha empezado a plantearse la posibilidad de hacer la ruta portuguesa desde la frontera. Porque otro mandamiento que han de cumplir sí o sí los Caballeros es hacer a lo largo de su vida algún tramo de cualquiera de los recorridos (francés, portugués, de la costa...). «En eso llevo ventaja. Hice un par de etapas hace unos años», afirma. En efecto, hay documentos gráficos que lo avalan. Fue en sus tiempos de político en ejercicio y, entre otros muchos, compartió caminata con Mariano Rajoy.

Pero antes de estrenar capa blanca y birrete tuvo que plantar un árbol con su nombre, en este caso un castaño, junto a los 700 que se levantan en el pequeño bosque de O Pino, donde hay tantos árboles como Caballeros y Damas del Camino.

Pues sí que tuvo Mantilla un fin de semana ajetreado. El viernes, de cumpleaños amistoso hasta las tantas, el sábado, investidura, y el domingo, de antesala nupcial. Su hijo Carlos dará el sí el próximo ocho del ocho a las ocho en San Martín Pinario, así es que tocaba la comida previa plurifamiliar o, dicho en lenguaje menos eufemístico, petición de mano. Felicidades por partida doble.

Y que todos los que estábamos allí podamos verlo. Ese fue el trato. El que formuló el deseo fue Alejandro Fernández Figueroa. Hace mucho que el ex propietario de Nova Olimpia fijó su residencia en Brasil, pero las vacaciones de julio en Vigo son sagradas. Igual que la marchosa fiesta de cumpleaños, en la suele reunir a un centenar de amigos. Algunos cruzan el Atlántico expresamente. Una veintena lo hicieron esta vez. El que no pudo venir (y bien que lo sintió pero asuntos urgentes le obligaron a desplazarse a Nueva York) fue Pelé. Sí, la sorpresa iba a ser la presencia de O Rei, pero los planes se torcieron. Los que sí estuvieron fueron Nemesio Barxa, Maribel Collazo, Puri de Palacio, Manuel Soto, Carlos Mantilla, Horacio Gómez, José Manuel Barbosa, José Lijó, Mariló, Camilo, Ana, Pili... y por supuesto Cris, su mujer, que hizo gala de la pasión por el baile que sienten los brasileños.

Ni que decir tiene que en los jardines de Siete Torres, lugar elegido para la fiesta, la Caipirinha corrió con generosidad, igual que el pata negra. Y siendo como era el cumpleaños del dueño de alguna de las salas de fiesta más grandes del mundo, no podía faltar ni la música ni el baile. Eran las cuatro de la madrugada y la jarana seguía.

Eso sí, Cris y Alejandro pensaron en todo. Para que nadie pudiera poner la pega de que sus pies no daban más de sí, contrataron ad hoc tres masajistas. No daban a basto. Cola había para poner los bailones pies en sus manos. Pues que cumpla los 50 más que se ha pedido.

En total 35 fieles de la diócesis se plantaron en las Antípodas para asistir a la Jornada Mundial de la Juventud convocada por Benedicto XVI en Sídney. Entre otras cosas, se llevaron en la maleta una escultura en madera de Santiago Apóstol y un cuadro del Cristo de la Victoria. Era el regalo para la diócesis de Perth, su primer destino. A saber lo que traen de vuelta, además del cansancio de 24 horas de vuelo. Para descubrirlo habrá que estar en Peinador a las 11.30 horas.