Suena a playa desierta, pero no está desierta. Cerca está el ajetreo de las terrazas de caña estival más buscadas de la ría, pero no hay ajetreo. Sola paz, tranquilidad y arena. Es la playa de los Olmos, tan pequeña como coqueta. Está al lado de Samil, pero se parece poco a la playa más grandes y bulliciosa de Vigo. En Los Olmos lel verano se viste de sol tranquilo, risas infantiles y libro abierto.
A partir de las diez de la mañana llegan los primeros bañistas. Un par de horas más tarde, encontrar un hueco en el que extender la toalla es una tarea difícil. Como en toda playa, en verano las sombrillas y toallas parecen ser solo una.
Al arenal se puede acceder a pie por los dos extremos. Uno de ellos está conectado por un puente de madera con la playa de Matadero: situación ideal para los que se retrasan y llegan cuando ya no hay espacio ni para una hormiga. Mucha gente tiene que haber para que en una u otra no se pueda hacer un sitio, aunque sea entre dos parejas de enamorados.
«Nos encanta la tranquilidad que se respira en la playa, su situación y las buenas condiciones del agua», afirma Tania, junto a Patricia y el pequeño Miguel. Miran el azul del agua: tan puro como el de las postales. Pero cerca, porque las arenas de Los Olmos están más cerca incluso que las de Samil. De ahí que sea playa de escapadas: basta un ratito libre para dejar el puesto de trabajo, ponerse el biquini y tumbarse a tomar el sol. O echarse en manos del deporte, que está tan cerca como las canchas de baloncesto y las pistas de patinaje de Samil . Unos metros más allá, ya en el Vao, por un par de euros, existe la posibilidad de practicar deportes náuticos tales como windsurf, piragüismo y rutas en catamarán.
El ingrediente fuerte del arenal lo aportan las dos terrazas y el kiosco a pie de playa. Aquellos que tengan sed o ganas de un pincho de tortilla tienen como parada obligatoria las terrazas de La Vela y A Lúa. Muy reconocidas por los vigueses, constituyen un atractivo también para los turistas. Y no es de extrañar: disfrutar del sol y de un aperitivo es compatible para los que crucen sus puertas. «Lo mejor de todo la tortilla, que está muy buena», confiesa el propietario de Lúa. Junto a él, a unos metros, la tranquilidad se hace arena. Y el verano, playa.