De la misma forma que es imposible poner verjas al campo, lo es tratar de acotar la imaginación artística. Se tiene o no se tiene. Y está claro que a Carlos Rodríguez Méndez le sobra. El escultor de As Neves afincado en Madrid ha decidido poner en marcha un proyecto que ya ensayó el pasado verano y que ha bautizado con el bucólico nombre de Casas gallegas.
Claro que igual tendría que haberle llamado Colgarse (con arnés) de ventanas y balcones de las casas gallegas a cuyos dueños no les importe. Y es que ese viene a ser en síntesis el proyecto en cuestión. Sí, debidamente sujeto, pretende suspenderse en las fachadas de viviendas unifamiliares y dejar constancia gráfica de cada una de las suspensiones gracias a la cámara de su amigo Salvaterra, que le acompañará. «Será una interpretación sobre la escultura», afirma.
Cuenta que ha elegido Galicia porque, «fruto de mi relación emocional es el escenario perfecto». Esa relación la cultiva no menos de dos veces al año. De hecho fue en la casa de sus padres en As Neves donde consumó por vez primera la experiencia el verano pasado. Luego lo haría en cuatro casas más, «todas de amigos», confiesa.
Tanto le gustó la idea que se ha buscado financiación para repetir. Así, mientras Carlos se encarga de la logística, la Fundación Bilbao Arte será la que ponga el dinero. «Queremos recorrer toda Galicia», dice.
El modus operandi será el siguiente: A través de las concejalías de Cultura de los municipios que elijan, darán a conocer el proyecto a los habitantes del pueblo. Visitarán las casas de aquellos que estén interesados en participar para comprobar sus condiciones y, si todos están de acuerdo, se plantará el arnés. «Ya hemos recibido respuestas positivas de dos de los concellos a los que nos hemos dirigido», asegura.
Realizará los cuelgues durante lo que resta de julio y todo agosto. El trabajo podrá verse al completo un poco más tarde, ya que el proyecto se completará con la exposición de las fotografías y la edición de un libro en el que se relatará, también de forma gráfica, la experiencia.
No es la primera vez que Carlos Rodríguez sorprende con sus montajes. Sin ir más lejos, volverá a hacerlo la próxima semana en la Bienal de Pontevedra, donde pretende instalar un cocedero de pescado el día de la inauguración, cuyo proceso será filmado y proyectado luego a lo largo de la muestra. Ha pedido para ello colaboración ciudadana, ya que se ha propuesto que los cocedores sean personas mayores de 55 años que midan 155 centímetros. Pues sí, los caminos del arte son inescrutables. A veces.
Me refiero al del concurso del Casco Vello que el que están participando 13 locales del barrio. Como quiera que los hosteleros de la zona están dispuestos a agudizar el ingenio para que la cosa no decaiga, siguen sacándose actividades de la imaginación. La última tuvo lugar ayer bajo la carpa de la Piedra. El cuentista Yago López se ganó a la chavalería (y a los que ya no eran tan chavales) en una sesión vespertina de cuentacuentos. Carlos Núñez haciendo patria. El músico vigués aprovechó el último día de Feria del libro para darse una vuelta por la plaza de Compostela. Lo hizo acompañado de una amiga que, a juzgar por sus hermosos rasgos orientales, conoce Vigo muy de refilón. Pues ya puede empaparse de nuestra historia porque Carlos le regaló sendos libros sobre la ciudad, uno de ellos «El tesoro de Rande». La escapada de Carlos Núñez necesariamente tiene que ser corta (como siempre) porque la obligación le reclama el viernes en Leuven (Bélgica), el día 12 en Landernau (Francia), el 15 en Catania (Italia), el 17 en Matera (Italia), el 19 en Barakaldo...