Samil y el Castro ofrecen instalaciones a quienes quieran entregarse al patinaje, un deporte en auge en el verano vigués que puede empezar a practicarse desde la infancia
08 jul 2008 . Actualizado a las 11:40 h.Ganas de aprender, compromiso y un buen monitor que saque lo mejor de uno mismo son los tres factores necesarios y suficientes para calzarse unos patines y convertirse en el rey de la pista por unas horas. Esta ciudad, siempre que el tiempo lo permite, da juego para casi todo. Y el patinaje no podía ser menos. Hagan la prueba: piensen por un momento adónde se dirigiría si quisieses practicar un deporte sobre ruedas y su mente le llevará al mar. Concretamente, le dejará en Samil, a la pista de patinaje de Samil que ha sido testigo de los primeros pasos de casi todos los vigueses que en algún momento decidieron echarse a la pista.
El patinaje es un deporte conocido por todos y practicado en la sombra para otros muchos. Y es en la sombra, porque para algunos, cualquier actividad que esté más allá del fútbol o del tenis, es desconocida, y precisamente por ello, menos valorada. Por eso hay que probar antes de juzgar. Lo confirma Jaime, jugador senior del Vigostick, el equipo de hockey sobre patines de la ciudad: «Las instalaciones con las que contamos en nuestra ciudad son buenas, pero escasas», se lamenta no obstante. Dentro de estas instalaciones, el pabellón de As Travesas ofrece una escuela deportiva de patinaje. Por 38.85 euros anuales, se imparten clases para niños de 6, 12 y 16 años.
La edad media de iniciación en este pasatiempo suele ser temprana. «Lo normal es empezar aprendiendo en una escuela deportiva y después, los ojeadores (algo parecido a un cazatalentos), te ficha y te asciende a un equipo, empezando por las categorías inferiores», asegura Jaime.
Una de las motivaciones para calzarse unas botas de cuatro ruedas es el bajo coste que tiene el equipamiento básico, imprescindible para hacer los primeros pinitos y llegar a convertirse, algún día en un Ippolito Sanfratello de la vida. Vamos, un campeonísimo del mundo de esos con tropecientos títulos y aún más horas de rodaje.
Lo que hay que tener claro es que esta ciudad tiene instalaciones, que aunque escasas, pueden explotarse y, quien sabe, producir a lo mejor de lo mejor del patinaje nacional que, por ahora, tiene su punto fuerte casi exclusivo en Cataluña.