Podría presumir de que nació en Bilbao porque le dio la gana. O de que su ciudad solo se puede concebir en términos planetarios: el mapamundi. Pero él nunca ha llevado el bilbaísmo a ultranza. Pachi Salinas es vasco hasta la médula, aunque el Rh únicamente lo sacó a relucir durante su larga y exitosa carrera como futbolista. Sacaba pecho para anticiparse a un contrario en la disputa del balón y hacía valer sus galones a base de entrega, pundonor, eficacia y saber estar en su demarcación. Atesoraba las grandes cualidades de un defensa central. Genio y figura en el campo, pero siempre ejerciendo de persona humilde. -¿Fue una auténtica supervivencia la que vivió en esas islas? -Estuvimos en Cayo Cochinos (Honduras) y cada semana íbamos cambiando de isla. Fueron ocho semanas que me resultaron eternas, además muy duro, mucho más que las imágenes que ofrecieron en el reality televisivo. Eran 24 horas de supervivencia total, con una situación al límite. Incluso pasamos hambre y tuvimos que comer pescado crudo cuando lográbamos capturar algún pez. -¿Tanta hambre pasó? -Estuve una semana sin comer, porque no teníamos fuego. Había pescado cinco pulpos y me resultaba imposible comerlo crudo. -¿Otras calamidades? -Mucho frío, lluvia, rodeados de serpientes, escorpiones... Y teniendo que dormir en la playa con la humedad que había. Luego, la convivencia. -¿Y la experiencia? -Inolvidable. -¿Cómo le surgió? -Me lo habían propuesto y, como en ese momento no entrenaba a ningún equipo, acepté y no me arrepiento. -¿Y de haber conocido a Karmele Marchante? -Es una persona que no me interesa porque no se digno pedir perdón, después de tacharme de machista, misógino, fracasado y otros descalificativos, aunque también lo hizo con otra gente. Hubo quien me animó a que le pusiese una querella, pero no lo haré. Vengo del fútbol, del fair play y eso no va conmigo. -¿Su futuro? -Espero que sea en el banquillo de algún equipo de fútbol, porque ya entrené y es lo que me gusta. Me están saliendo algunas ofertas, pero son de clubes de fuera de Galicia y yo quiero trabajar aquí, sobre todo por mi familia. -¿Nunca pensó en el Celta? -Sus dirigentes no han sabido aprovechar a futbolistas que lo hemos dado todo por el Celta y no me refiero solo a mí, porque ahí están Otero, Vicente, Karpin, o Mazinho. Sin embargo, han apostado por gente de fuera, que ni conoce la ciudad, ni las categorías inferiores, cuando nosotros estamos igual o mejor preparados y lo haríamos con más amor al club y por menos dinero. -¿Y cómo lo ve Salinas? -(Risas). Así le dicen a mi hermano Julio cuando hace de comentarista. El Celta tiene mala pinta. No apostó por la cantera en su momento hasta que se hipotecó. Un ejemplo, al portero Roberto no lo subieron al primer equipo, mientras que sí le valió al Sporting para la titularidad y el ascenso. Y lo fichó el Osasuna. Inexplicable. Pero ocurre lo mismo con otros futbolistas. Al final, solo dos puntos nos salvaron de la Segunda B. La última derrota en Balaídos fue una vergüenza porque tenían que partirse el pecho para salvar al Racing. -¿Qué hará próximamente? -Acudiré a dos bodas, una de ellas será la de Cañizares, quien se casa el día 5 de julio en Ibiza.